La Fosa del Cariño

La Fosa del Cariño

miércoles, 8 de junio de 2011

Jack, Jenny, su padre y Miró.

[5:00. Un estruendo hace despertar a Jack de su profundo, que no plácido, sueño.]


         Le costaba abrir los ojos. Para su desgracia, no había bajado la persiana y, desde el primer momento, pudo percatarse del día triste que se presentaba ahí fuera.
Se levantó como pudo. En cuanto el peludo pulgar del pie derecho rozo el suelo, sintió ese escalofrío enviado desde el más profundo infierno, que le hizo maldecir, aún más, sobre aquel estruendo que aún desconocía.

            Las mañanas eran duras por aquella zona de la ciudad. Jack solía madrugar para ir a trabajar pero, el día anterior, decidió tomarse el día de enfermedad justificada típico en la fábrica, y además, se emborrachó en el bar del tío Joe que estaba a la esquina de la calle donde, tras varios intentos fallidos, no consiguió seducir a las prostitutas que trabajaban en frente del antro.

[Jack vivía con su familia. Su madre decidió irse a vivir, pocos días antes, al sur de la ciudad. No se hablaba el tema en casa de Jack, simplemente porque la brutal paliza que le dió su padre a Jenny, la madre de Jack, no tenía nombre.]

               Jack se asomó a la ventana. Tan solo podía contemplar la triste carretera cubierta por la niebla matinal, y disfrutar del silencio. Un silencio único, tan único que daba hasta miedo. 
Entonces Jack se dió cuenta de que su padre debería estar duchándose para ir al trabajo. No le dió mucha más importancia, quizás él también se hubiese tomado un día libre.
Entre el frío, la nostalgia de añorar a su madre, etc. Era imposible que volviese a conciliar el sueño. Así que decidió averiguar qué había sido ese ruido para ir matando el tiempo.

[Jack abrío la puerta de su habitación.Silencio. Solo había un silencio profundo que echaba, cada vez más, atrás a Jack.]

                Las paredes parecían hablar. Repletas de grietas con moo verde rodeándolas ordenaban a Jack que se retirara. Jack no era católico, aún así se dedicó a hablar con Dios entre que abría la puerta y daba los primeros pasos en el pasillo. La luz del baño estaba encendida y la puerta entornada. Sin pensarlo, Jack, empujo la puerta con el dedo índice. Nada. No había nada. Apagó la luz y se dió la vuelta. Tenía la sensación de que alguien le seguía. No paraba de mirar atrás y apretar los puños por si tenía que defenderse. Las ventanas del cuarto de sus padres... quiero decir, de su padre, estaban abiertas de par en par, el viento se peleaba con las cortinas, las cuales, perdían constantemente. Jack examinó la habitación a conciencia. En la cama había un papel escrito.

"Echo de menos a Jenny..."

                    Jack dedujo que se trataba de un ataque nostálgico mítico del alcohol. Por lo que dedujo que el viento, había causado el estruendo y que, su padre, se había marchado en la furgoneta a buscar a su madre. Se asomó a la ventana. El viento la tomó también con él. Bajó la mirada y, cuando se dió cuenta, la furgoneta continuaba ahí parada. Jack no daba credito. -¿Me habré vuelto loco?-pensaba.
Se dio la vuelta rápidamente por si había alguien o algo a sus espaldas. Nada. No había nada.
Poco a poco continuó andando por el pasillo. En la cocina no había nada excepto un par de botellas de Johnnie Walker. Quedaba un culo, Jack se lo sirvió y emprendió de nuevo su aventura. Ya solo le quedaba el salón. La puerta estaba cerrada la abrío y, desviando la mirada de abajo a arriba, contempló los zapatos de su padre. 
Según abría la puerta iba viendo el resto de la habitación. Las ventanas estaban cerradas y el hedor a alcohol era intratable. La televisión estaba apagada y en la mesa había unas pequeñas gotas de sangre y otra nota que, a simple vista, parecía poner:
"Te añoro Jenny..."

Nada más leerlo levantó la mirada y se encontró en el sofá una Desert Eagle y la mano de su padre sosteniéndola. Continuó subiendo la mirada y vio a su padre con el cráneo totalmente desfigurado, la pared repleta de sangre y el precioso cuadro que le regaló hace años de Miró, repleto de gotas dándole un toque a lo Jackson Pollock. 

Estaba claro que hoy no era un buen día para tomarse el día libre, así que se fue a trabajar.

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sábado, 4 de junio de 2011

IV.

                   Los bancos del parque ya no eran cómodos. No estaba conforme ni conmigo mismo, únicamente intentaba aislarme como podía de mis problemas más íntimos.
Había dado en el centro de la diana. Me había quitado trabajo. Hoy mismo podría marcar el punto y a parte que tanto determinaría nuestras vidas.
                  -La paciencia es de sabios-decían.

A mi me importaba una mierda. Quería actuar y perder el tiempo no era mi mejor virtud, la verdad. O lo aprovechaba a más no poder o, por lo menos, lo tiraba a la basura.

                  Las tardes no eran rubias. El Sol no golpeaba como hace años y eso influía en mi estado de ánimo.
Me dedicaba a disfrutar del ruido de la calle. Automóviles, pájaros, humanos, etc. Inundaban mis oídos hasta tan alto nivel, que yo solo me podía limitar a dar pequeños sobresaltos.
Desperdiciaba mis horas intentado encontrarte. Intentando hacer las cosa con buen pie. No era fácil. Al igual que el Sol se escondía, tú también lo hacías.
Yo sudaba la gota gorda intentado deslumbrarme por la belleza y no por el rayo de luz que salía desde el cielo.
                 Rezaba por ver tus piernas avanzar por la pasarela de asfalto. Tu sonrisa deslumbrando al mismísimo Sol. Por verte a ti.


                Alexa no existe. Eso está claro.

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III.

Te vendería mis historias. No valen nada.


La tarde golpeaba fuerte acompañada de un viento ágil. Salí abrigado intentando simular mis preocupaciones.
Recuerdo estar más pendiente de como me quedaba la sudadera que de la lectura del libro. No estaba concentrado y la mente la tenía en su planeta. Quizás debería estar acompañándoles. Bebiendo cerveza y fumando xixa*. Disfrutando de estar evadido de todos estas cosas que, en el fondo, no dejaban de ser problemas.
¿Alexa? Sonaba raro. Me inspiré con otros nombres: Abril, Karol, Lorena, Lucía,... Cero. Ese era el resultado. El mejor juego es el juego de la imaginación. Y ahí estaba yo, borracho, intentado seducir a mi mente con imágenes e historias que nunca llegarían a ser reales.

La noche podía con mis ojos. Los párpados cargaban con toda la acción de esta semana. Era duro, pero seguía en pié. Me dirigí a casa varias veces, entre ellas para guardar mi lectura.
Cada día apreciaba más cada detalle. Pretendía demostrarle al carma maravillas para que éste/a me lo devolviera con la mejor fe.

Recuerdo su materia.

Recuerdo su aroma.

Recuerdo su mirada y su sonrisa.

No puedo más.

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*Xixa=Cachimba.

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miércoles, 1 de junio de 2011

La dulce voz de Alexa. Parte II

Era tarde. El medio día golpeaba mi estómago como un gancho de Mike Tyson, aún así me daba igual.
Pasaba días enteros preguntándome dónde estaría ella. Estaba claro que yo, solo era un frágil gusano que apenas afectaría en su vida. Me daba igual.

Me había bebido un litro y tres tercios de cerveza. Necesitaba más. Quería hablar con ella, topar de casualidad en la calle y tratar el tema tranquilamente.
Mientras, me dedicaba a leer cada día más. La poesía me intrigaba, pero era demasiado nivel para mi... Quizás algún día haga poesía, quién sabe.
Era alucinante que, Alexa, haya conseguido marcar dos de mis historias.
Era una invención, una diosa. No existía en mi corazón, pero si existía en mi mente y en mi falsa realidad.
El otro día me volví con los nudillos rotos. Necesitaba violencia aunque no le gustase a Alexa.

Había vuelto mi vena política. Hacía años que no dedicaba mi tiempo al bien común.
Charlas de 4 horas en las que, por mucho que duela decirlo, la mitar de éstas las dedicaba a imaginarme una cerveza o la imagen de Alexa.
El otro día me hablaron de mis historias.

-Siempre hablas de cerveza-decían.

Yo no me molestaba ni en conestar.
Respecto a Alexa. Tenía fantasías. Me imaginaba buscar en Páginas Amarillas, en Internet,... y encontrarla. Tomar la decisión de decir "No te puedes ir."

Pero quién sabe. A lo mejor soy yo el que se va.