Aún recuerdo como si fuesen ayer esas magníficas clases de pintura. En las que te hacían madrugar un sábado de resaca mortal, con la boca seca y aliento a mal. Donde acababas debatiendo sobre política y poniendo más tetas a la escultura de las que ya de por sí tiene.
Quizá era la falta de inspiración, el no poder beber pientras manchaba mis manos de carboncillo, o el ver como la pornografía me había perjudicado el concepto de las proporciones. Lo que hacía de estos días un infierno.
Por suerte, todo eso pasó.
Ahora tengo otro problema. Mi vena artística va a estallar. Cualquier motivo es suficiente para ponerme a dibujar. Para pasarme horas delante de un ordenador, dejándome la vista y sin consumir una puta gota de cerveza. Pensando las mil y una maneras de conseguir ganarme tu aprobación. Tu agradecimiento.
Hoy bebía café con Alberto, Diego y el otro Diego. Bebía cervezas mientras debatía sobre el capitalismo. Me tocaba con fotografías de Ouka Leele. Y leía tu nombre en mi agenda unas 6 veces al día. Que letra más bonita tengo, por cierto.
Rechazaba llamadas de tres mujeres distintas. Me secaba la sangre de la nariz. Y me masturbaba unas 4 veces al día.
Pero mi problema es mi cabeza. Mi puta mente que me hace verte cada vez que doblo la esquina. Esas gotas de sudor que bajan por mi frente mientras te vuelvo a dibujar, y sigo sin lograr sorprenerte. Algo va mal. Y te aseguro que esta vez no son las ganas que tengo de apuñalar a ese tío. Ni el verme en un espejo y avergonzarme de las niñatadas que soy capaz de hacer.
Algo va mal, lo sé.
Algo va mal, pero no sé el qué.
Me lo dedico a mi,
hoy lo necesito más que nunca.