"[...]Cuando la noche se hace eterna.
Cuando entre risas y bromas apareces tú.
Cuando tú, solo eres llanto entre la sombra.
Es el fin, eres tú, o es mi mente enferma.
¿Debería alegrarme por ti?
O debería llorar.
Si el infeliz, desea salir
de la penumbra de tu historia.
Cuando eres distinta
Cuando no dejas de ser única
Cuando recuerdo tus males
tus locuras, tu negra tinta, tu figura.
Aún enterrando estos poemas,
siempre salen a la luz
aunque la noche sea joven, ahí están
todas tus mentiras.
Fuiste mi Diosa en los días grises y cálidos.
Pero pálido me quedo, cuando no hay sentido
a tal barbarie cometida
si la verdad es mentira, yo soy un mal nacido. [...]"
Poemas de Navidad.
Jorge.
La Fosa del Cariño©.
La Fosa del Cariño
jueves, 29 de diciembre de 2011
viernes, 2 de diciembre de 2011
Cuando tú duermes...
4:00 am Londres.
Cuando la noche era la humedad que queda tendida en el ambiente. Steve paseaba por las calles Londinesas en busca de otro trago.
Recuerdo verle desde mi ventana. Haciendo eses, sufriendo y riéndose a carcajadas por algún motivo que desconozco.
La noche era fría y Charlee solo pensaba en lo que pudiese estar haciendo July. Su relación, como supondréis, estaba rota y no había nada que hacer. Pero, a Charlee, eso le daba igual.
Cuando Mónica sufría los trastornos bipolares, se solía bajar a la calle a dar de comer a las palomas. Ella y su soledad hacían tan buena pareja que se les oía hablar.
Cedric se daba una ducha ardiente después de haber follado con su ex. El agua le caía vertiginosamente desde su largo cabello, impactando fuerte contra la bañera. Mientras, ella, le escribía una carta de despedida sobre su escritorio.
Entre golpes secos. Alison, desahogaba su furia contra la pared de ladrillos de su portal. Al día siguiente solo quedarían restos de sangre.
Kelly se ponía las sortijas que su madre le había regalado para ir a la cena con su jefe. Horas después, la policía recibía una llamada telefónica de agresión sexual.
"Ella te engañó con un conocido tuyo." Un fuerte ruido que envolvía la oscuridad, rompía la supuesta tranquilidad de la noche. Rober, acababa de recibir esa llamada telefónica. Su cuerpo yacía muerto en el salón de su apartamento.
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"No bebo alcohol. No me gusta. Me hace sentir bien."
Oscar Levant
jueves, 17 de noviembre de 2011
Te has esfumado entre mis manos
como el agua cristalina.
Pero te llevaste contigo lo peor de mi
mi vida, el fin y mis años.
¡¿A quién creías engañar con esa cara?!
Si mis mentiras, al lado de las tuyas
no eran nada...
¡¿A quién creías engañar con es cara?!
Si como la sátira, me humillas
y me acorralas, contra una pared
que por muro, tiene espadas.
Tengo conciencia de aquellas noches locas,
de aquellos besos ocultos.
Si para culpable estoy yo, pero yo,
según tú, soy un hijo de puta.
Oh, señora explíqueme a qué se debe este rencor
si el amor existió o fue un espejismo.
Ahora mismo,
eres tú y tu mundo ficticio.
La cosecha de inspiración muerta.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
LA TIERRA QUE NO ES FÉRTIL.
Recuerdo ver a Richard tomar aquellas frías jarras de cerveza en el Karenina. Un bar cercano, de origen Ruso, donde el personal podía gozar de grandes obras musicales como Varchavianka.
El otro día recibió una llamada suya. Sí, su psicóloga quiere verle. Tomar algo y saber como está llendo todo. Richard no estaba bien, desde hace mucho tiempo deseaba partir hacia otro lugar y dejar atrás una vida que ya no es fértil.
Melanie, una chica no muy conocida de Richard, llevaba jugando con él casi dos meses. Pero, todo hay que decirlo, Richard estaba loco por ella. Besarla, tenerla y hacerle el amor, sería quizás aquel ansiado cambio que le sacaría de su bucle infernal y haría brotar de nuevo su vida.
Llevaba días evadiéndose del mundo como podía. Y no, no me refiero a las drogas ni a quedarse encerrado en una habitación veinticuatro horas diarias. Y nada ni nadie ha conseguido cambiar nada.
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viernes, 2 de septiembre de 2011
Tesis de Verano.
Quizás han pasado tantas cosas desde Junio que, ahora mismo, resulta imposible narrar todas en un par de párrafos.
He estado contemplando la vida a través del color dorado y espumoso. Preciosa.
Recuerdo aquellas duras noches, en las que mi mirada estaba en blanco, no conciliaba el sueño, y esa mirada no me quitaba el ojo.
Esas encías sangrantes no se podían comparar con las noches interminables en las que he sudado todo el alcohol ingerido días antes y pasaba mañanas febríles.
Es la ausencia la que pausa mi vida.
He sabido aislarme de todo y lograr que, algunos días, haya sido libre como el viento que, siempre, pasa a tu lazo rozando esa piel que días antes era presa de mis labios.
He visto mi vida a través del color dorado y espumoso, de la sangre y el sudor, de la orina y los vómitos.
No he sabido ver la vida de colores, la vida del ruido y el desamor, del encanto y la locura, tu vida y la del resto.
Es la ausencia la que me recuerda que no estás y, cuando estás, mi fiel compañera se va, para no verte nunca.
Quizás no haya tenido la misma suerte que tú. A día de hoy, puedo asegurar que verte me ha destrozado el cuerpo. No lograba entender el porqué de tu sonrisa, el porqué de tus brincos, el porqué de todos los por qués.
A día de hoy, han cambiado tantas cosas que ya no encuentro la solución clara a mi vida.
Una persona sabe que otra es bella, y sabe que está loca cuando no sabe decir que no. A pesar de todo.
Las noches han sido eternas, han sido ciegas y han guardado las malicias que, tanto tú como yo, hemos hecho. Aunque cada una/o a su manera, eso está claro.
Septiembre.
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viernes, 8 de julio de 2011
¿Dónde está Pierre?
"A cualquier dolencia, el remedio la paciencia." Dice el dicho.
Pero no habría dicho que explicase lo sucedido.
Pierre se sentía sucio. Y ni una ducha de agua hirviendo conseguiría limpiar su conciencia.
Como el polvo. Se esparcía por el aire pasando desapercibido.
Pierre, bajo la luz tenue y la profunda mirada de la soledad, analizaba la situación. Falto de coraje y de valor, tenía la boca sellada por el miedo a que está le desvelase.
Poco a poco, pero con constancia, notaba como adelgazaba su figura. No había nervio mayor que el de Pierre. No mediaba palabra con nadie y su mirada estaba perdida entre la muchedumbre.
La tensión era la protagonista.
Las venas estaban tan hinchadas por el calor de la sangre, que parecía que iban a estallar. Algunas lo hacían produciendo hematomas donde nadie se imaginaría.
Quizás esa fuese la solución.
El beneficio propio, el orgullo, la falta de carisma, el sensacionalismo, las terceras personas,... Son hándicaps que, en muchos casos, funcionan como balas.
Pierre guarda silencio. Guarda silencio. Guarda silencio, tres metros bajo el suelo.
"Mi corazón se marchitó entre tanta mierda
Ahora camino solo, ausente y sin pausa
Tengo miedo como la sociedad a la izquierda
Me da igual todo yo solo pienso en tu blusa.
Necesito ir a la psicóloga
vuelvo a delirar con absurdos diálogos
ya no se escribir así que me rindo
Cuando fallezca escribiré mi epílogo."
Pero no habría dicho que explicase lo sucedido.
Pierre se sentía sucio. Y ni una ducha de agua hirviendo conseguiría limpiar su conciencia.
Como el polvo. Se esparcía por el aire pasando desapercibido.
Pierre, bajo la luz tenue y la profunda mirada de la soledad, analizaba la situación. Falto de coraje y de valor, tenía la boca sellada por el miedo a que está le desvelase.
Poco a poco, pero con constancia, notaba como adelgazaba su figura. No había nervio mayor que el de Pierre. No mediaba palabra con nadie y su mirada estaba perdida entre la muchedumbre.
La tensión era la protagonista.
Las venas estaban tan hinchadas por el calor de la sangre, que parecía que iban a estallar. Algunas lo hacían produciendo hematomas donde nadie se imaginaría.
Quizás esa fuese la solución.
El beneficio propio, el orgullo, la falta de carisma, el sensacionalismo, las terceras personas,... Son hándicaps que, en muchos casos, funcionan como balas.
Pierre guarda silencio. Guarda silencio. Guarda silencio, tres metros bajo el suelo.
"Mi corazón se marchitó entre tanta mierda
Ahora camino solo, ausente y sin pausa
Tengo miedo como la sociedad a la izquierda
Me da igual todo yo solo pienso en tu blusa.
Necesito ir a la psicóloga
vuelvo a delirar con absurdos diálogos
ya no se escribir así que me rindo
Cuando fallezca escribiré mi epílogo."
miércoles, 8 de junio de 2011
Jack, Jenny, su padre y Miró.
[5:00. Un estruendo hace despertar a Jack de su profundo, que no plácido, sueño.]
Le costaba abrir los ojos. Para su desgracia, no había bajado la persiana y, desde el primer momento, pudo percatarse del día triste que se presentaba ahí fuera.
Se levantó como pudo. En cuanto el peludo pulgar del pie derecho rozo el suelo, sintió ese escalofrío enviado desde el más profundo infierno, que le hizo maldecir, aún más, sobre aquel estruendo que aún desconocía.
Las mañanas eran duras por aquella zona de la ciudad. Jack solía madrugar para ir a trabajar pero, el día anterior, decidió tomarse el día de enfermedad justificada típico en la fábrica, y además, se emborrachó en el bar del tío Joe que estaba a la esquina de la calle donde, tras varios intentos fallidos, no consiguió seducir a las prostitutas que trabajaban en frente del antro.
[Jack vivía con su familia. Su madre decidió irse a vivir, pocos días antes, al sur de la ciudad. No se hablaba el tema en casa de Jack, simplemente porque la brutal paliza que le dió su padre a Jenny, la madre de Jack, no tenía nombre.]
Jack se asomó a la ventana. Tan solo podía contemplar la triste carretera cubierta por la niebla matinal, y disfrutar del silencio. Un silencio único, tan único que daba hasta miedo.
Entonces Jack se dió cuenta de que su padre debería estar duchándose para ir al trabajo. No le dió mucha más importancia, quizás él también se hubiese tomado un día libre.
Entre el frío, la nostalgia de añorar a su madre, etc. Era imposible que volviese a conciliar el sueño. Así que decidió averiguar qué había sido ese ruido para ir matando el tiempo.
[Jack abrío la puerta de su habitación.Silencio. Solo había un silencio profundo que echaba, cada vez más, atrás a Jack.]
Las paredes parecían hablar. Repletas de grietas con moo verde rodeándolas ordenaban a Jack que se retirara. Jack no era católico, aún así se dedicó a hablar con Dios entre que abría la puerta y daba los primeros pasos en el pasillo. La luz del baño estaba encendida y la puerta entornada. Sin pensarlo, Jack, empujo la puerta con el dedo índice. Nada. No había nada. Apagó la luz y se dió la vuelta. Tenía la sensación de que alguien le seguía. No paraba de mirar atrás y apretar los puños por si tenía que defenderse. Las ventanas del cuarto de sus padres... quiero decir, de su padre, estaban abiertas de par en par, el viento se peleaba con las cortinas, las cuales, perdían constantemente. Jack examinó la habitación a conciencia. En la cama había un papel escrito.
"Echo de menos a Jenny..."
Jack dedujo que se trataba de un ataque nostálgico mítico del alcohol. Por lo que dedujo que el viento, había causado el estruendo y que, su padre, se había marchado en la furgoneta a buscar a su madre. Se asomó a la ventana. El viento la tomó también con él. Bajó la mirada y, cuando se dió cuenta, la furgoneta continuaba ahí parada. Jack no daba credito. -¿Me habré vuelto loco?-pensaba.
Se dio la vuelta rápidamente por si había alguien o algo a sus espaldas. Nada. No había nada.
Poco a poco continuó andando por el pasillo. En la cocina no había nada excepto un par de botellas de Johnnie Walker. Quedaba un culo, Jack se lo sirvió y emprendió de nuevo su aventura. Ya solo le quedaba el salón. La puerta estaba cerrada la abrío y, desviando la mirada de abajo a arriba, contempló los zapatos de su padre.
Según abría la puerta iba viendo el resto de la habitación. Las ventanas estaban cerradas y el hedor a alcohol era intratable. La televisión estaba apagada y en la mesa había unas pequeñas gotas de sangre y otra nota que, a simple vista, parecía poner:
"Te añoro Jenny..."
Nada más leerlo levantó la mirada y se encontró en el sofá una Desert Eagle y la mano de su padre sosteniéndola. Continuó subiendo la mirada y vio a su padre con el cráneo totalmente desfigurado, la pared repleta de sangre y el precioso cuadro que le regaló hace años de Miró, repleto de gotas dándole un toque a lo Jackson Pollock.
Estaba claro que hoy no era un buen día para tomarse el día libre, así que se fue a trabajar.
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sábado, 4 de junio de 2011
IV.
Los bancos del parque ya no eran cómodos. No estaba conforme ni conmigo mismo, únicamente intentaba aislarme como podía de mis problemas más íntimos.
Había dado en el centro de la diana. Me había quitado trabajo. Hoy mismo podría marcar el punto y a parte que tanto determinaría nuestras vidas.
-La paciencia es de sabios-decían.
A mi me importaba una mierda. Quería actuar y perder el tiempo no era mi mejor virtud, la verdad. O lo aprovechaba a más no poder o, por lo menos, lo tiraba a la basura.
Las tardes no eran rubias. El Sol no golpeaba como hace años y eso influía en mi estado de ánimo.
Me dedicaba a disfrutar del ruido de la calle. Automóviles, pájaros, humanos, etc. Inundaban mis oídos hasta tan alto nivel, que yo solo me podía limitar a dar pequeños sobresaltos.
Desperdiciaba mis horas intentado encontrarte. Intentando hacer las cosa con buen pie. No era fácil. Al igual que el Sol se escondía, tú también lo hacías.
Yo sudaba la gota gorda intentado deslumbrarme por la belleza y no por el rayo de luz que salía desde el cielo.
Rezaba por ver tus piernas avanzar por la pasarela de asfalto. Tu sonrisa deslumbrando al mismísimo Sol. Por verte a ti.
Alexa no existe. Eso está claro.
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Había dado en el centro de la diana. Me había quitado trabajo. Hoy mismo podría marcar el punto y a parte que tanto determinaría nuestras vidas.
-La paciencia es de sabios-decían.
A mi me importaba una mierda. Quería actuar y perder el tiempo no era mi mejor virtud, la verdad. O lo aprovechaba a más no poder o, por lo menos, lo tiraba a la basura.
Las tardes no eran rubias. El Sol no golpeaba como hace años y eso influía en mi estado de ánimo.
Me dedicaba a disfrutar del ruido de la calle. Automóviles, pájaros, humanos, etc. Inundaban mis oídos hasta tan alto nivel, que yo solo me podía limitar a dar pequeños sobresaltos.
Desperdiciaba mis horas intentado encontrarte. Intentando hacer las cosa con buen pie. No era fácil. Al igual que el Sol se escondía, tú también lo hacías.
Yo sudaba la gota gorda intentado deslumbrarme por la belleza y no por el rayo de luz que salía desde el cielo.
Rezaba por ver tus piernas avanzar por la pasarela de asfalto. Tu sonrisa deslumbrando al mismísimo Sol. Por verte a ti.
Alexa no existe. Eso está claro.
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III.
Te vendería mis historias. No valen nada.
La tarde golpeaba fuerte acompañada de un viento ágil. Salí abrigado intentando simular mis preocupaciones.
Recuerdo estar más pendiente de como me quedaba la sudadera que de la lectura del libro. No estaba concentrado y la mente la tenía en su planeta. Quizás debería estar acompañándoles. Bebiendo cerveza y fumando xixa*. Disfrutando de estar evadido de todos estas cosas que, en el fondo, no dejaban de ser problemas.
¿Alexa? Sonaba raro. Me inspiré con otros nombres: Abril, Karol, Lorena, Lucía,... Cero. Ese era el resultado. El mejor juego es el juego de la imaginación. Y ahí estaba yo, borracho, intentado seducir a mi mente con imágenes e historias que nunca llegarían a ser reales.
La noche podía con mis ojos. Los párpados cargaban con toda la acción de esta semana. Era duro, pero seguía en pié. Me dirigí a casa varias veces, entre ellas para guardar mi lectura.
Cada día apreciaba más cada detalle. Pretendía demostrarle al carma maravillas para que éste/a me lo devolviera con la mejor fe.
Recuerdo su materia.
Recuerdo su aroma.
Recuerdo su mirada y su sonrisa.
No puedo más.
_________________________
*Xixa=Cachimba.
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La tarde golpeaba fuerte acompañada de un viento ágil. Salí abrigado intentando simular mis preocupaciones.
Recuerdo estar más pendiente de como me quedaba la sudadera que de la lectura del libro. No estaba concentrado y la mente la tenía en su planeta. Quizás debería estar acompañándoles. Bebiendo cerveza y fumando xixa*. Disfrutando de estar evadido de todos estas cosas que, en el fondo, no dejaban de ser problemas.
¿Alexa? Sonaba raro. Me inspiré con otros nombres: Abril, Karol, Lorena, Lucía,... Cero. Ese era el resultado. El mejor juego es el juego de la imaginación. Y ahí estaba yo, borracho, intentado seducir a mi mente con imágenes e historias que nunca llegarían a ser reales.
La noche podía con mis ojos. Los párpados cargaban con toda la acción de esta semana. Era duro, pero seguía en pié. Me dirigí a casa varias veces, entre ellas para guardar mi lectura.
Cada día apreciaba más cada detalle. Pretendía demostrarle al carma maravillas para que éste/a me lo devolviera con la mejor fe.
Recuerdo su materia.
Recuerdo su aroma.
Recuerdo su mirada y su sonrisa.
No puedo más.
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miércoles, 1 de junio de 2011
La dulce voz de Alexa. Parte II
Era tarde. El medio día golpeaba mi estómago como un gancho de Mike Tyson, aún así me daba igual.
Pasaba días enteros preguntándome dónde estaría ella. Estaba claro que yo, solo era un frágil gusano que apenas afectaría en su vida. Me daba igual.
Me había bebido un litro y tres tercios de cerveza. Necesitaba más. Quería hablar con ella, topar de casualidad en la calle y tratar el tema tranquilamente.
Mientras, me dedicaba a leer cada día más. La poesía me intrigaba, pero era demasiado nivel para mi... Quizás algún día haga poesía, quién sabe.
Era alucinante que, Alexa, haya conseguido marcar dos de mis historias.
Era una invención, una diosa. No existía en mi corazón, pero si existía en mi mente y en mi falsa realidad.
El otro día me volví con los nudillos rotos. Necesitaba violencia aunque no le gustase a Alexa.
Había vuelto mi vena política. Hacía años que no dedicaba mi tiempo al bien común.
Charlas de 4 horas en las que, por mucho que duela decirlo, la mitar de éstas las dedicaba a imaginarme una cerveza o la imagen de Alexa.
El otro día me hablaron de mis historias.
-Siempre hablas de cerveza-decían.
Yo no me molestaba ni en conestar.
Respecto a Alexa. Tenía fantasías. Me imaginaba buscar en Páginas Amarillas, en Internet,... y encontrarla. Tomar la decisión de decir "No te puedes ir."
Pero quién sabe. A lo mejor soy yo el que se va.
Pasaba días enteros preguntándome dónde estaría ella. Estaba claro que yo, solo era un frágil gusano que apenas afectaría en su vida. Me daba igual.
Me había bebido un litro y tres tercios de cerveza. Necesitaba más. Quería hablar con ella, topar de casualidad en la calle y tratar el tema tranquilamente.
Mientras, me dedicaba a leer cada día más. La poesía me intrigaba, pero era demasiado nivel para mi... Quizás algún día haga poesía, quién sabe.
Era alucinante que, Alexa, haya conseguido marcar dos de mis historias.
Era una invención, una diosa. No existía en mi corazón, pero si existía en mi mente y en mi falsa realidad.
El otro día me volví con los nudillos rotos. Necesitaba violencia aunque no le gustase a Alexa.
Había vuelto mi vena política. Hacía años que no dedicaba mi tiempo al bien común.
Charlas de 4 horas en las que, por mucho que duela decirlo, la mitar de éstas las dedicaba a imaginarme una cerveza o la imagen de Alexa.
El otro día me hablaron de mis historias.
-Siempre hablas de cerveza-decían.
Yo no me molestaba ni en conestar.
Respecto a Alexa. Tenía fantasías. Me imaginaba buscar en Páginas Amarillas, en Internet,... y encontrarla. Tomar la decisión de decir "No te puedes ir."
Pero quién sabe. A lo mejor soy yo el que se va.
viernes, 27 de mayo de 2011
La dulce voz de Alexa.
Yo estaba perdido. Mi propio barrio se me quedaba grande y yo no dejaba de dar vueltas.
Jamás pensé en ella, ni ella en mi. Nadie pensaba en mi.
Corría por la calle riojana de mi barrio. Llegaba tarde. Portaba un interesante libro y mi querido Abono, el cual estaba desgastado por el sudor de mis manos el cual, posteriormente, se me caería quedando en el olvido.
Era un día cualquiera, como ayer o como hoy. Nada del otro mundo.
Las nubes escupían sus sentimientos. El impacto era tan fuerte que, por cada uno de ellos, pensaba que me atravesaban hasta llegar a mis órganos. Me daban igual yo los expulsaba por el recto.
Alexa era. Alexa era. Alexa no era nadie para mi, ni yo para ella. Se limitaba a ser la única dama que con su simple "Hola" hacía temblar la tierra de emoción.
Escupía dulzura con su mirada. Sabía moverse y hacer que cualquier persona. Hombre o mujer. No pudiese evitar quedarse con su imagen a cámara lenta. Notar como sus labios eran capaces de expresarte el saludo que te alegraría la mañana, mientras esbozaba una breve sonrisa.
Se reía de mi. Y de todos nosotros. Yo lo sabía, pero era mucho más educada y elegante que la sucia de Ariadna. Esa arpía se reía en tu cara, sabiendo que su presencia a cualquier humano le pondría en un compromiso. Que la jodan.
Alexa era un espejismo. La ciencia lo demostraba. Bueno, la ciencia no demostraba una mierda. Yo demostraba que era un espejismo.
La buscabas con locura, aunque sea para pedirle que no se riese de mi. Pero era imposible. Ella era capáz de surgir entre la nada y desaparecer al instante. Era una bruja. Una bruja dulce y bella. Desistí.
Al mes siguiente volvió a aparecer, portaba un gracioso globo con un corazón. Quise evitarla. No la quería ver ni en pintura. Aún así, fue inevitable. Me miró a los ojos. Yo no dije nada, ni la miré si quiera. Pero ahí estaba, entre el ruido de la urbe y la contaminación múltiple de Madrid, esa voz que resaltaba entre las demás. Esa voz que era la dulcura personificada. Esa voz...
-Hola-dijo.
-Hola-respondí.
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http://www.google.com/support/forum/p/blogger/thread?tid=2d65fa13135593f8&hl=es
Jamás pensé en ella, ni ella en mi. Nadie pensaba en mi.
Corría por la calle riojana de mi barrio. Llegaba tarde. Portaba un interesante libro y mi querido Abono, el cual estaba desgastado por el sudor de mis manos el cual, posteriormente, se me caería quedando en el olvido.
Era un día cualquiera, como ayer o como hoy. Nada del otro mundo.
Las nubes escupían sus sentimientos. El impacto era tan fuerte que, por cada uno de ellos, pensaba que me atravesaban hasta llegar a mis órganos. Me daban igual yo los expulsaba por el recto.
Alexa era. Alexa era. Alexa no era nadie para mi, ni yo para ella. Se limitaba a ser la única dama que con su simple "Hola" hacía temblar la tierra de emoción.
Escupía dulzura con su mirada. Sabía moverse y hacer que cualquier persona. Hombre o mujer. No pudiese evitar quedarse con su imagen a cámara lenta. Notar como sus labios eran capaces de expresarte el saludo que te alegraría la mañana, mientras esbozaba una breve sonrisa.
Se reía de mi. Y de todos nosotros. Yo lo sabía, pero era mucho más educada y elegante que la sucia de Ariadna. Esa arpía se reía en tu cara, sabiendo que su presencia a cualquier humano le pondría en un compromiso. Que la jodan.
Alexa era un espejismo. La ciencia lo demostraba. Bueno, la ciencia no demostraba una mierda. Yo demostraba que era un espejismo.
La buscabas con locura, aunque sea para pedirle que no se riese de mi. Pero era imposible. Ella era capáz de surgir entre la nada y desaparecer al instante. Era una bruja. Una bruja dulce y bella. Desistí.
Al mes siguiente volvió a aparecer, portaba un gracioso globo con un corazón. Quise evitarla. No la quería ver ni en pintura. Aún así, fue inevitable. Me miró a los ojos. Yo no dije nada, ni la miré si quiera. Pero ahí estaba, entre el ruido de la urbe y la contaminación múltiple de Madrid, esa voz que resaltaba entre las demás. Esa voz que era la dulcura personificada. Esa voz...
-Hola-dijo.
-Hola-respondí.
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martes, 17 de mayo de 2011
Nosotros/as y mis problemas.
No era muy tarde. Estaba en mi casa revisando resultados de liga para calcular el resultado final. Si, me aburría.
No tenía ningún plan, recuerdo la mosca que rondaba por mi habitación. Era negra y muy peluda y hacía un constante ruido molesto para cualquiera que estuviese presente. Me estaba poniendo nervioso. Bajé a la calle y me fui al centro.
Nunca me gustó mucho el centro, quizás es porque no lo frecuentaba. Daba igual, me compré una cerveza y emprendí mi marcha. Estaba rodeado de gente. Tanto mujeres como hombres.
Todos mantenían su rumbo. Todos y todas sabían todo. Yo no sabía nada, o eso reflejaba mi cara. Sinceramente, me daba igual. Ahora estaba más preocupado en donde poder comprar otra cerveza y en mi escozor mortal que sentía en mi culo.
Llegué a pensar que sangraba. Que no podría volver a casa. Que ni con la tercera ducha del día se me calmaría. Todo venía del fin de semana pasado, bendito alcohol.
La gente continuaba su rumbo, entre estrés y miedo. Todos tenemos miedo, pero ellos y ellas aún más.
Mi único miedo en aquel entonces, era que volviesen a rozarse mis nalgas al caminar. Me estaba muriendo. Y dado que no había ni más cerveza y que no podría aguantar mucho más ahí. Decidí volver.
El viaje en metro se hacía eterno. Estaba lleno, olía a sudor con desodorante y aún más sudor. Como si había vómito, yo solo quería volver y ducharme.
La gente me miraba extraño. Veían mi sufrimiento en mi cara pero, como es obvio, no eran conocedores de mi situación.
Vi una anciana que entraba en el vagón, quise disimular.
-Perdone, ¿Quiere sentarse?- dije
-Pues la verdad es que si- respondió.
Cuando ya me disponía a buscar un minucioso hueco entre la multitud oí un leve gracias entre la muchedumbre, quizás ni fuese para mi.
Por lo menos había conseguido desviar la atención de mi cara de dolor.
Por fin llegué a casa. No tenía ganas de estar en ella, pero si de ducharme y cambiarme. Meditándolo bien, quizás hubiese ido a por otra cerveza pero, sinceramente, no tenía ni un centavo.
La cena se hizo pesada y larga, por lo menos tenía cena. Llegué a mi cuarto y me acosté.
Que ganas de tomar una cerveza.
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No tenía ningún plan, recuerdo la mosca que rondaba por mi habitación. Era negra y muy peluda y hacía un constante ruido molesto para cualquiera que estuviese presente. Me estaba poniendo nervioso. Bajé a la calle y me fui al centro.
Nunca me gustó mucho el centro, quizás es porque no lo frecuentaba. Daba igual, me compré una cerveza y emprendí mi marcha. Estaba rodeado de gente. Tanto mujeres como hombres.
Todos mantenían su rumbo. Todos y todas sabían todo. Yo no sabía nada, o eso reflejaba mi cara. Sinceramente, me daba igual. Ahora estaba más preocupado en donde poder comprar otra cerveza y en mi escozor mortal que sentía en mi culo.
Llegué a pensar que sangraba. Que no podría volver a casa. Que ni con la tercera ducha del día se me calmaría. Todo venía del fin de semana pasado, bendito alcohol.
La gente continuaba su rumbo, entre estrés y miedo. Todos tenemos miedo, pero ellos y ellas aún más.
Mi único miedo en aquel entonces, era que volviesen a rozarse mis nalgas al caminar. Me estaba muriendo. Y dado que no había ni más cerveza y que no podría aguantar mucho más ahí. Decidí volver.
El viaje en metro se hacía eterno. Estaba lleno, olía a sudor con desodorante y aún más sudor. Como si había vómito, yo solo quería volver y ducharme.
La gente me miraba extraño. Veían mi sufrimiento en mi cara pero, como es obvio, no eran conocedores de mi situación.
Vi una anciana que entraba en el vagón, quise disimular.
-Perdone, ¿Quiere sentarse?- dije
-Pues la verdad es que si- respondió.
Cuando ya me disponía a buscar un minucioso hueco entre la multitud oí un leve gracias entre la muchedumbre, quizás ni fuese para mi.
Por lo menos había conseguido desviar la atención de mi cara de dolor.
Por fin llegué a casa. No tenía ganas de estar en ella, pero si de ducharme y cambiarme. Meditándolo bien, quizás hubiese ido a por otra cerveza pero, sinceramente, no tenía ni un centavo.
La cena se hizo pesada y larga, por lo menos tenía cena. Llegué a mi cuarto y me acosté.
Que ganas de tomar una cerveza.
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domingo, 15 de mayo de 2011
Penny, Penny, Penny,...
Penny se encontraba ahí sentada. Pensando. Haciendo de cualquier historia un mundo.
Yo estaba bebiendo enfrente suya pensando en lo que ella meditaba. Le gustaba reírse, lo sabía. Pero eso no significaba nada. Si yo no quería, ella vendría intentando que alguien, cualquiera, le hiciera sonreír y soltar una carcajada.
Era bonita. Lo es. Y lo será.
Yo no iba borracho, llegué a casa. Pronto. Y con más mono de cerveza. No había nada que celebrar, solo sabía que "el carma" me debía dos.
Mis padres estaban durmiendo. Los dos. Solos. En su habitación, cosa extraña. Eso era un favor muy grande.
Yo pensaba en Penny. En lo que estaría haciendo ahora y en que yo no soy nada ni para ella ni para nadie.
Necesitaba beber y era pronto para irme a casa. Pero aquí estaba, como un gilipollas. Como el gilipollas que soy.
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La Fosa del Cariño©.
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Yo estaba bebiendo enfrente suya pensando en lo que ella meditaba. Le gustaba reírse, lo sabía. Pero eso no significaba nada. Si yo no quería, ella vendría intentando que alguien, cualquiera, le hiciera sonreír y soltar una carcajada.
Era bonita. Lo es. Y lo será.
Yo no iba borracho, llegué a casa. Pronto. Y con más mono de cerveza. No había nada que celebrar, solo sabía que "el carma" me debía dos.
Mis padres estaban durmiendo. Los dos. Solos. En su habitación, cosa extraña. Eso era un favor muy grande.
Yo pensaba en Penny. En lo que estaría haciendo ahora y en que yo no soy nada ni para ella ni para nadie.
Necesitaba beber y era pronto para irme a casa. Pero aquí estaba, como un gilipollas. Como el gilipollas que soy.
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viernes, 6 de mayo de 2011
Lejos.
Historia I
Historia II
Historia III
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Era tiempo de tormentas. De sobresaltos. De pesadillas. De llantos y penurias.
Era tiempo que pasaba y en mi casa, ahora, no me quería ver nadie. He intentado evitar toda esta mierda. Pensar en ti, en la cerveza, en mil historias que me llevarían lejos de todo esto.
"Eres un gilipollas", me decía. Yo prefería ignorar todo. Ni me va ni me viene. No me ofende. Yo me conozco, se como soy se como hacer las cosas y se que me conviene y que no.
Historia II
Sangraba lágrimas por mis poros. Sudaba estrés y nervio puro. Tenía las venas hinchadas y solo veía su mirada ardiente repleta de odio.
Me gustaba leer, me aislaba, me mantenía apartado. A distancia. Separado. Al fin y al cabo, Lejos... Muy lejos.
Historia III
Obstáculos tan jodidos como la vida misma. Estaba claro que la cuerda estaba tensa. Si fallaba, por lo menos, tenía todas las pastillas que guardaba mi padre.
Tenía mi navaja suiza original. Cortaba cualquier dolor con aún más dolor. El espejo reflejaba mis pensamientos, veía los primeros golpes de mi madre cuando era joven, como veía cada orgasmo o cada vez que ingerí la sangre de Cristo.
El tiempo pasaba. Se quedaba atrás. Y moría en mi memoria.
Quizás nada de esto pasaría estando lejos.
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sábado, 30 de abril de 2011
Rock N Fly.
Joder iba borracho, no me lo terminaba de creer. Es normal que ni tú ni yo lo entendiésemos. Ambos sabíamos que iba a acabar así.
Tú me habías fallado, "cus", yo solo sufría entre mi mierda y entre todas las putas que me habían rodeado.
Estaba borracho y solo me acordaba de ti. De nuestras peleas y de tus estúpidos enfados.
Solo deseaba seguir bebiendo. Tiré una cerveza casi entera con la esperanza de una llamada tuya. Visto lo visto casi prefería que me llamase otra, u otra, u otra,...
Yo sabía que no era lo mismo. Que yo voy borracho, pienso y pienso y pienso y pienso y, ¡Que coño! ojalá tuviese un puto revolver para destrozarme la cara y que ni tú, ni la otra, ni el otro, ni la otra aún más lejana me reconocieseis.
Gracias a Dios, voy lo suficientemente borracho como para preferir acostarme a, como un idiota, seguir escribiendo y meter aún más la pata.
Buenas noches.
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Tú me habías fallado, "cus", yo solo sufría entre mi mierda y entre todas las putas que me habían rodeado.
Estaba borracho y solo me acordaba de ti. De nuestras peleas y de tus estúpidos enfados.
Solo deseaba seguir bebiendo. Tiré una cerveza casi entera con la esperanza de una llamada tuya. Visto lo visto casi prefería que me llamase otra, u otra, u otra,...
Yo sabía que no era lo mismo. Que yo voy borracho, pienso y pienso y pienso y pienso y, ¡Que coño! ojalá tuviese un puto revolver para destrozarme la cara y que ni tú, ni la otra, ni el otro, ni la otra aún más lejana me reconocieseis.
Gracias a Dios, voy lo suficientemente borracho como para preferir acostarme a, como un idiota, seguir escribiendo y meter aún más la pata.
Buenas noches.
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viernes, 29 de abril de 2011
Querida Primavera.
Llevaba mucho tiempo sin escribir. Quizás fue la falta de tiempo. No. ¿A quién quiero engañar? Supongo que si pude ir a Londres he tenido tiempo para llenarme de inspiración sobre una infinidad de temas.
Debía de confundirme entonces.
La primavera me estaba haciendo daño. Aunque, en tiempos fríos, en invierno, mataba por tenerla entre nosotros. Pero no era consciente de lo caprichosa, maniática y cínica que podía llegar a ser en algunos momentos.
Le gustaba pasear sin desasosiego, lucir sus preocupaciones tatuadas una a una en su cuerpo delicado de mujer. Eso me mataba.
Me quitaba las fuerzas poco a poco. El invierno, quieras que no, es directo y seco. Hace las cosas claras y no da tiempo a debatírselas si quiera. La primavera era diferente. Era ella. Luz y sombra; alegría y tristeza; llanto y devoción; amor y odio.
Me conoce desde hace un tiempo. Cree saber cuando estoy mal o bien. Miento. Sabe cuando estoy bien o mal. Y, desgraciadamente, es una ventaja para la dulce señorita de piel de seda.
Era consciente de los males que me acechaban día si día también. Motivos graves o leves eran verdugos de mi felicidad la cual, día tras día, se iba matando poco a poco.
Madrid estaba lleno de luces. Era de noche y la primavera se había portado bien, podíamos ir en chaqueta fina. Daba gusto, beber a las tres de la madrugada sin pasar frío.
Sabía que me hacía daño y cuando veía la más mínima ocasión, atacaba sin piedad. Me gustaba que lo hiciera de una forma indirecta. Parecía un juego. Yo sabía que por muy disimulada que fuese, era intencionadamente y, ella, sabía que yo lo sabía.
Día si día también.
Ahora está en su mejor momento, florece y se siente más fuerte que nunca y no tiene miedo a nada. Pero el tiempo pasa y, si no es consciente de ello, tarde o temprano se acabará suicidando.
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sábado, 23 de abril de 2011
miércoles, 6 de abril de 2011
Mi historia con Carol.
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Adoraba mis visitas al psicólogo. Su comienzo era frío e inquietante. Previsibles y doloras. Tensas y agradables.
Adoraba mis visitas al psicólogo. Se estructuraban como un texto argumentativo. Como una discusión en la que uno/a salía favorecido/a. Como una paja bien hecha.
Mi nombre es Enrico. Yo vivía en Livorno, Italia. Una ciudad humilde y obrera, vivía cerca de la Vía Grande, donde me gustaba detenerme varios minutos, a disfrutar de mi ciudad ¡de mi querida ciudad!, cada noche en las que estaba borracho.
Siempre quise ir al psicólogo embriagado del mejor whisky. Y reírme con ella, Carol.
Ella era extranjera ¡Adoraba las extranjeras!. Las Españolas me volvían loco. Tenían esa piel suave bañada en dulce miel que hacían lubricar cada expresión que escupía su cuerpo.
Carol era distinta. Era inteligente y sabía absolutamente todo de mi. Mis caprichos, mis posturas preferidas en el sexo, mi afición a éste, mi alcoholismo, mi odio familiar, etc. Aunque siempre se preguntaba por qué llegaba tan pronto a la consulta.
Era Martes. Solía ir los Martes, había gente y eso lo hacía aún más entretenido. Mujeres jóvenes y maduras; hombres y ancianos. Éstos últimos luchaban por evitar mirar lo que esconde la falda de las colegialas de diez años para, después, luchar contra las malas miradas de la sala de espera en general.
Recuerdo como me miraban. Las mujeres sentían como miedo, no conocían mis inquietudes, solo sabían que sufría hiperactividad y que, siempre, ojeaba todas las revistas de Psychologies.
Los hombres me miraban de una manera violenta. Simplemente pensaban que era un loco más y punto.
Pero ambos grupos creían que ojeaba esas revistas para hacerme el interesante y fingir que sabía leer.
Para disgusto suyo y alegría mía, no era así.
Realmente llegaba una hora antes para ojear dichas revistas. Las mujeres, los hombres y todo lo que componían esa minúscula sala me importaban una mierda.
Era adicto al apartado sobre el sexo que contenía cada revista. Me los leía enteros y varias veces incluso.
Trataban temas como el susurrar, las caricias, la seguridad en si mismo,... cosas... que jamás me fueron útiles. Pero ¡coño! era entretenido imaginarse todo aquello.
-Enrico, puede pasar - Dijo Carol
-¿Cómo estas Carol? - Respondí.
...
[Tras una larga conversación llena de temas necesarios de tratar]
...
-Oye Carol, ¿por qué vengo aquí?... es decir... no se... creía que había algún motivo... ¿qué opinas? me entiendes ¿no?
-M... Pues verás
-¡No! ¡Espera! Joder, yo vengo aquí te hablo de unas y otras, te hablo de mi familia y de mis amigos/as pero ¿y tú? joder... no se... me siento mal haciendo todo esto. Creo que no tiene sentido que venga aquí...
-Bien, Enrico, es ahora cuando debes marcharte. Ha sido todo un placer conocerte.
Salí de la habitación con un vacío dentro que sabía que solo se llenaría con unos litros de cerveza. Así que fui al bar. Me emborraché y hasta pasados dos meses no volví a pensar en el psicólogo ni en la gente que había ahí.
Realmente, lo que acabé echando de menos, fueron aquellas revistas insignificantes que me evadían del mundo más que cualquier confesionario.
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Jorge. La Fosa del Cariño.©
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Adoraba mis visitas al psicólogo. Su comienzo era frío e inquietante. Previsibles y doloras. Tensas y agradables.
Adoraba mis visitas al psicólogo. Se estructuraban como un texto argumentativo. Como una discusión en la que uno/a salía favorecido/a. Como una paja bien hecha.
Mi nombre es Enrico. Yo vivía en Livorno, Italia. Una ciudad humilde y obrera, vivía cerca de la Vía Grande, donde me gustaba detenerme varios minutos, a disfrutar de mi ciudad ¡de mi querida ciudad!, cada noche en las que estaba borracho.
Siempre quise ir al psicólogo embriagado del mejor whisky. Y reírme con ella, Carol.
Ella era extranjera ¡Adoraba las extranjeras!. Las Españolas me volvían loco. Tenían esa piel suave bañada en dulce miel que hacían lubricar cada expresión que escupía su cuerpo.
Carol era distinta. Era inteligente y sabía absolutamente todo de mi. Mis caprichos, mis posturas preferidas en el sexo, mi afición a éste, mi alcoholismo, mi odio familiar, etc. Aunque siempre se preguntaba por qué llegaba tan pronto a la consulta.
Era Martes. Solía ir los Martes, había gente y eso lo hacía aún más entretenido. Mujeres jóvenes y maduras; hombres y ancianos. Éstos últimos luchaban por evitar mirar lo que esconde la falda de las colegialas de diez años para, después, luchar contra las malas miradas de la sala de espera en general.
Recuerdo como me miraban. Las mujeres sentían como miedo, no conocían mis inquietudes, solo sabían que sufría hiperactividad y que, siempre, ojeaba todas las revistas de Psychologies.
Los hombres me miraban de una manera violenta. Simplemente pensaban que era un loco más y punto.
Pero ambos grupos creían que ojeaba esas revistas para hacerme el interesante y fingir que sabía leer.
Para disgusto suyo y alegría mía, no era así.
Realmente llegaba una hora antes para ojear dichas revistas. Las mujeres, los hombres y todo lo que componían esa minúscula sala me importaban una mierda.
Era adicto al apartado sobre el sexo que contenía cada revista. Me los leía enteros y varias veces incluso.
Trataban temas como el susurrar, las caricias, la seguridad en si mismo,... cosas... que jamás me fueron útiles. Pero ¡coño! era entretenido imaginarse todo aquello.
-Enrico, puede pasar - Dijo Carol
-¿Cómo estas Carol? - Respondí.
...
[Tras una larga conversación llena de temas necesarios de tratar]
...
-Oye Carol, ¿por qué vengo aquí?... es decir... no se... creía que había algún motivo... ¿qué opinas? me entiendes ¿no?
-M... Pues verás
-¡No! ¡Espera! Joder, yo vengo aquí te hablo de unas y otras, te hablo de mi familia y de mis amigos/as pero ¿y tú? joder... no se... me siento mal haciendo todo esto. Creo que no tiene sentido que venga aquí...
-Bien, Enrico, es ahora cuando debes marcharte. Ha sido todo un placer conocerte.
Salí de la habitación con un vacío dentro que sabía que solo se llenaría con unos litros de cerveza. Así que fui al bar. Me emborraché y hasta pasados dos meses no volví a pensar en el psicólogo ni en la gente que había ahí.
Realmente, lo que acabé echando de menos, fueron aquellas revistas insignificantes que me evadían del mundo más que cualquier confesionario.
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Jorge. La Fosa del Cariño.©
domingo, 3 de abril de 2011
Se sigue contando aunque sea Domingo.
No termino de entenderlo. Me está matando esta confusión, el espejo refleja mis ojeras y mi insomnio es mi verdugo.
sábado, 2 de abril de 2011
Recién masturbado y con dos cervezas en su interior.
Recién masturbado y con dos cervezas en su interior, Brad, decidió bajarse al bar a tomarse una más.
Le gustaba ir, y observar a la gente que vagabundeaba por aquellos lares alejados de la mano de Dios. Aquel día el bar estaba bastante lleno, entre ellos estaba Connor -un viejo amigo de la infancia-, había un grupo de personas con apariencia atlética pero con rostros de falsa felicidad, también, había un grupo de personas totalmente ajenas al mundo del drama, aparentaban tener dinero y no dejaban de reír a carcajadas, lo cual le hizo sentir realmente incómodo.
Pidió la cerveza y, cuando fue a dar el primer trago, aquel ruido similar a las risas, aquellos hombres discutiendo por sus músculos y Connor casi vomitando en la barra, le hicieron salir de aquel antro.
No tenía donde ir, se acercó a una cabina de teléfono y realizó tres llamadas exactas. Dos no contestaron y la otra persona estaba liada.
Cabizbajo se dirigió al Motel y, sin cenar ni mirar la hora, se acostó.
Concilió el sueño facilmente. Soñó con el fútbol, adoraba el fútbol. Soñó con más y más cerveza, adoraba la cerveza. Soñó con una mujer y fue un sueño muy extraño, tan extraño que acababan follando en el capó de un Picasso. Pero lo más extraño no era eso.
Lo más extraño es que a ella no la adoraba.
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Fotografía de Dimitri.
Texto de Jorge.
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jueves, 31 de marzo de 2011
Vacío.
Me encontraba cenando en aquella mesa. No podía concentrarme en disfrutar de los alimentos por su culpa.
No podía ni mirarla, me hervía la sangre. El tick de la mano duraba y cada minuto empeoraba. Pensé en ir a ver a Carmen, mi psicóloga, pero quizás solo empeoraría las cosas.
Caminaba disfrutando del asfalto, de las olas de la carretera, de las líneas blancas, del ruido, de mi propio vacío y del calor abrasador; de mi cerveza, del bien estar de consolar a alguien, de mi esquizofrenia causada por aquella señorita y de lo que me esperaba al llegar a casa.
El silencio era dueño de mi. Estaba solo y me sentía más solo aún... solo deseaba estar con ella, disfrutar de su sonrisa, de la melodía de sus carcajadas y de su curiosa locura que se apoderaba de mi cerebro. Solo deseaba estar con ella, saber como era su vida, como se sentía, como hacía el amor y como se lo hacían.
Adoro este silencio que se apodera de mi.
No podía ni mirarla, me hervía la sangre. El tick de la mano duraba y cada minuto empeoraba. Pensé en ir a ver a Carmen, mi psicóloga, pero quizás solo empeoraría las cosas.
Caminaba disfrutando del asfalto, de las olas de la carretera, de las líneas blancas, del ruido, de mi propio vacío y del calor abrasador; de mi cerveza, del bien estar de consolar a alguien, de mi esquizofrenia causada por aquella señorita y de lo que me esperaba al llegar a casa.
El silencio era dueño de mi. Estaba solo y me sentía más solo aún... solo deseaba estar con ella, disfrutar de su sonrisa, de la melodía de sus carcajadas y de su curiosa locura que se apoderaba de mi cerebro. Solo deseaba estar con ella, saber como era su vida, como se sentía, como hacía el amor y como se lo hacían.
Adoro este silencio que se apodera de mi.
miércoles, 30 de marzo de 2011
Como hacía Conny.
http://www.google.com/support/forum/p/blogger/thread?tid=2d65fa13135593f8&hl=es
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Hoy si. Hoy tenía que escribir.
Acababa de llegar a casa con los nudillos rojos y alguno que otro lleno de sangre. Me agradaba, de vez en cuando los chupaba y bendecía ese sabor de óxido de la sangre que me recorría todo el cuerpo.
Otra vez ella. Otra vez. No lo soportaba. Conny, aquella pequeña diablilla que habitaba en mis entrañas.
Como no, hoy era otro día tenso. Otro día en el que todo fue bien hasta que decidí pensar en ella. En su cabello, en su edad, en su egoísmo y en su estúpida voz que, además, hacía finalizar todas las palabras como si fuesen agudas.
Le gustaba presumir de ser desgraciada, de llamar la atención con sus muñecas de niña y, como no, de que todo el humilde bloque se enterara de nuestras discusiones.
Le gustaba llorar. Yo creo que a todos. Pero su llanto era distinto, chirriaba; era como aquel canto de sirena que te decía ven pero su sonido era nefasto. ¡Ni un Castrati lograba tonos tan agudos!
Yo me seguía mirando los nudillos. Mirando mi cara de idiota en el espejo. Dios, ¿Cómo has permitido que llegue todo a este punto?
Desgraciadamente para Dios, yo ya no confiaba en él ni en sus caprichos que, para él, le resultaban divertidos.
De camino a casa con lágrimas en mis mejillas me crucé con una mujer que, por mis gestos o por yo que se, se dignó a saludarme. No la reconocía ni me preocupé por ella. Aunque en 5 minutos había conseguido que me olvidase de Conny.
Ahí la tenía llorando con su victimismo y su afán de protagonismo. Penoso.
Los nudillos me seguían sangrando y, además, estaba comenzando a temer por el fuerte temblor de mi mano izquierda. Tomé un baso de leche fría y continué escribiendo.
Me apetecía escribir poesía. Si, tenía antojo. Pero tenía -y tengo- tanto odio apoderado de mi que solo se escribir brutalidades sin sentido.
Decididamente debería tirar la toalla. Mirar por mi y por mi. Como hacía Conny... sucia hijadeperra. Pero ¿qué le iba a hacer? Quieras que no, la quiero. Y eso hace que no pueda rendirme por mucha mierda que me lleve...
Finalmente lo único que saqué de provecho en una tarde tan dura y peligrosa fue un buen trago de sangre oxidada y una noche entretenida buscando métodos de parar aquel temblor.
Dedicado al día de hoy.
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http://www.google.com/support/forum/p/blogger/thread?tid=2d65fa13135593f8&hl=es
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Hoy si. Hoy tenía que escribir.
Acababa de llegar a casa con los nudillos rojos y alguno que otro lleno de sangre. Me agradaba, de vez en cuando los chupaba y bendecía ese sabor de óxido de la sangre que me recorría todo el cuerpo.
Otra vez ella. Otra vez. No lo soportaba. Conny, aquella pequeña diablilla que habitaba en mis entrañas.
Como no, hoy era otro día tenso. Otro día en el que todo fue bien hasta que decidí pensar en ella. En su cabello, en su edad, en su egoísmo y en su estúpida voz que, además, hacía finalizar todas las palabras como si fuesen agudas.
Le gustaba presumir de ser desgraciada, de llamar la atención con sus muñecas de niña y, como no, de que todo el humilde bloque se enterara de nuestras discusiones.
Le gustaba llorar. Yo creo que a todos. Pero su llanto era distinto, chirriaba; era como aquel canto de sirena que te decía ven pero su sonido era nefasto. ¡Ni un Castrati lograba tonos tan agudos!
Yo me seguía mirando los nudillos. Mirando mi cara de idiota en el espejo. Dios, ¿Cómo has permitido que llegue todo a este punto?
Desgraciadamente para Dios, yo ya no confiaba en él ni en sus caprichos que, para él, le resultaban divertidos.
De camino a casa con lágrimas en mis mejillas me crucé con una mujer que, por mis gestos o por yo que se, se dignó a saludarme. No la reconocía ni me preocupé por ella. Aunque en 5 minutos había conseguido que me olvidase de Conny.
Ahí la tenía llorando con su victimismo y su afán de protagonismo. Penoso.
Los nudillos me seguían sangrando y, además, estaba comenzando a temer por el fuerte temblor de mi mano izquierda. Tomé un baso de leche fría y continué escribiendo.
Me apetecía escribir poesía. Si, tenía antojo. Pero tenía -y tengo- tanto odio apoderado de mi que solo se escribir brutalidades sin sentido.
Decididamente debería tirar la toalla. Mirar por mi y por mi. Como hacía Conny... sucia hijadeperra. Pero ¿qué le iba a hacer? Quieras que no, la quiero. Y eso hace que no pueda rendirme por mucha mierda que me lleve...
Finalmente lo único que saqué de provecho en una tarde tan dura y peligrosa fue un buen trago de sangre oxidada y una noche entretenida buscando métodos de parar aquel temblor.
Dedicado al día de hoy.
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martes, 29 de marzo de 2011
Volar en Lunes.
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Todo estaba mal en Liverpool. Así que, sin comentárselo a nadie, decidí tomarme unas pequeñas vacaciones. Por llamarlo de alguna manera.
¿A dónde ir? ¿Dónde dormir?, etc. Eran preguntas que no me importaban lo más mínimo.
Era un día soleado, de camino al Aeropuerto, las ramas de los árboles florecían y, sonriéndome, me transmitían buenas vibraciones.
Sabía que me dejaba cosas atrás, como aquel compañero de piso que solo me daba desgracias y al que he querido asesinar en alguna ocasión; o aquella puta que, aún estando enamorada de otro hombre, me lanzaba pullitas intentando fingir su gran felicidad y lo poco que yo le hacía falta. "Oh, Jordan, como me alegro que no sigamos juntos" o "No debí luchar por algo inútil como nuestro amor"; pero lo que más me dolía era mi madre. Pobre mujer, siempre dejándose los huesos por mi y la familia.
Solía pasar a verme cada día, me traía un bocadillo y, a escondidas, me dejaba un par de centavos junto a mis llaves de casa.
De camino al aeropuerto comencé a notar algo en mi interior, una sensación de añoranza quizás. Comencé a marearme y decidí sentarme en un banco, saqué la cerveza caliente que llevába en mi mochila y me la bebí casi de un trago. Estaba ardiendo, el gas no se hacía notar y aquellos árboles primaverales se marchitaron al segundo.
Todo pintaba mal en Liverpool, pero era consciente de que también estaría mal en Londres y sus suburbios, en las calles de Oxford, en las Ramblas de Barcelona, en el Barrio rojo de Amsterdam,...
El mareo no cesaba y comencé a notar en mis tripas una guerra interna, mi yo interior me propuso un debate y yo acepté el desafío, aún sabiendo que no era tiempo para ello, acepté.
Pasado el tiempo me fui encontrando peor. me terminé la botella. Una mujer pasó y se preocupó por mi. No era una belleza, pero el meró hecho de que se preocupase por mí le dió un aspecto aún más agradable.
- ¿Está bien señor?
- Déjeme en paz.
- No.
Comencé a temblar de frio, fiebre. Era una fiebre durísima, la primavera y todos sus encantos se entumecieron ante mis vómitos y la sangre de éstos. Todo tenía un tono rosado. Como el vino. Noté vibraciones cercanas, cada vez más altas, más fuertes. Era la señora se estaba acercando.
Sin pensarlo y, debido a la fiebre, comencé a acariciarle los piés. La señora se asustó y grito, yo no podía ni oirlo. Así que continué. Ella se puso de cunclillas para incorporarme, yo subí con mis manos -ella se dejaba, era consciente de mi estado de falta de coherencia-. Comencé a tocar sus pechos y noté que la fiebre me bajaba, le acaricié la cara y conseguí fijarme en sus ojos. Ojos verde esmeralda, brillantes como el cuarzo, de mirada intensa.
Me paralicé, conseguí enfocar la mirada más allá de su cara. Todo volvía a florecer. Todo tenía sentido. Me levanté y limpié los restos de sangre y vómito de mi boca.
Los dos nos quedamos mirándonos, quietos, ante un mundo paralizado. Me presenté y le pregunté su nombre.
Gracias Primavera.
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Todo estaba mal en Liverpool. Así que, sin comentárselo a nadie, decidí tomarme unas pequeñas vacaciones. Por llamarlo de alguna manera.
¿A dónde ir? ¿Dónde dormir?, etc. Eran preguntas que no me importaban lo más mínimo.
Era un día soleado, de camino al Aeropuerto, las ramas de los árboles florecían y, sonriéndome, me transmitían buenas vibraciones.
Sabía que me dejaba cosas atrás, como aquel compañero de piso que solo me daba desgracias y al que he querido asesinar en alguna ocasión; o aquella puta que, aún estando enamorada de otro hombre, me lanzaba pullitas intentando fingir su gran felicidad y lo poco que yo le hacía falta. "Oh, Jordan, como me alegro que no sigamos juntos" o "No debí luchar por algo inútil como nuestro amor"; pero lo que más me dolía era mi madre. Pobre mujer, siempre dejándose los huesos por mi y la familia.
Solía pasar a verme cada día, me traía un bocadillo y, a escondidas, me dejaba un par de centavos junto a mis llaves de casa.
De camino al aeropuerto comencé a notar algo en mi interior, una sensación de añoranza quizás. Comencé a marearme y decidí sentarme en un banco, saqué la cerveza caliente que llevába en mi mochila y me la bebí casi de un trago. Estaba ardiendo, el gas no se hacía notar y aquellos árboles primaverales se marchitaron al segundo.
Todo pintaba mal en Liverpool, pero era consciente de que también estaría mal en Londres y sus suburbios, en las calles de Oxford, en las Ramblas de Barcelona, en el Barrio rojo de Amsterdam,...
El mareo no cesaba y comencé a notar en mis tripas una guerra interna, mi yo interior me propuso un debate y yo acepté el desafío, aún sabiendo que no era tiempo para ello, acepté.
Pasado el tiempo me fui encontrando peor. me terminé la botella. Una mujer pasó y se preocupó por mi. No era una belleza, pero el meró hecho de que se preocupase por mí le dió un aspecto aún más agradable.
- ¿Está bien señor?
- Déjeme en paz.
- No.
Comencé a temblar de frio, fiebre. Era una fiebre durísima, la primavera y todos sus encantos se entumecieron ante mis vómitos y la sangre de éstos. Todo tenía un tono rosado. Como el vino. Noté vibraciones cercanas, cada vez más altas, más fuertes. Era la señora se estaba acercando.
Sin pensarlo y, debido a la fiebre, comencé a acariciarle los piés. La señora se asustó y grito, yo no podía ni oirlo. Así que continué. Ella se puso de cunclillas para incorporarme, yo subí con mis manos -ella se dejaba, era consciente de mi estado de falta de coherencia-. Comencé a tocar sus pechos y noté que la fiebre me bajaba, le acaricié la cara y conseguí fijarme en sus ojos. Ojos verde esmeralda, brillantes como el cuarzo, de mirada intensa.
Me paralicé, conseguí enfocar la mirada más allá de su cara. Todo volvía a florecer. Todo tenía sentido. Me levanté y limpié los restos de sangre y vómito de mi boca.
Los dos nos quedamos mirándonos, quietos, ante un mundo paralizado. Me presenté y le pregunté su nombre.
Gracias Primavera.
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jueves, 24 de marzo de 2011
.
"Sostengo mi copa mientras me echas las culpas
viajes a europa mientras quemo mis cartas
sueño en un bar atiborrandome a birras
buscándole a mi locura alguna cura"
viajes a europa mientras quemo mis cartas
sueño en un bar atiborrandome a birras
buscándole a mi locura alguna cura"
miércoles, 23 de marzo de 2011
Querido Hijo de Puta.
Hoy me he despertado, feliz, no tenía noticias tuyas desde hace un tiempo. Daba gusto ver sonreír a los mios, poder preocuparme de mi novia y todo tipo de gentes.
Pero hoy. Hoy la has cagado pero bien. Te he calado amigo, no paras de joderme a mi y a mi familia, a lo que quiero y por lo que mato, a ti y tu triste y penosa familia de desagradecidos.
Se nos está haciendo bastante tarde. Y yo ya siento lástima por ti.
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Conducía mi furgoneta a 240km/h cuando, sin sorprenderme, quedó detenida en mitad del desierto. De la nada.
Ahí estaba yo, solo, con mi sombrero de paja y mi ridícula bandera de la confederación.
Por cierto, mi nombre es Dean.
El cómo acabé de esta manera es otra historia. Imaginaros lo que sea, daba igual.
Yo tenía pareja, Eva, era una relación seria. Aunque la verdad es que me importaba una mierda que ella se follase a cada borracho que le pedía una copa y coqueteaba con ella tras la barra.
Cogí el bidón y me dirigí en busca de la gasolinera más cercana. Era un camino largo y durante éste comencé a delirar, no se si fue por el alcohol, los porros o ese calor infernal.
Estaba en el infierno, rodeado de mis pequeños demonios.
Comencé a pensar en Eva, en como debía sentirse y en si ella me amaba de verdad. Recordé los moteles, con su despertar, salir, trabajar, volver, beber, follar y dormir. Haciendo caso omiso de las personas con las que compartía habitación -no tenía dinero. Ellos si-.
Recordé a mi hermano, Randy. Jodido desagradecido. Compartía habitación conmigo y solo quería pegarse, discutir y fumar. "Así le llegue un cáncer", pensaba yo.
Recordé todos los libros que nunca llegué a leer y todos mis poemas muertos. Recordé a esa puta por la que moría desde los 9 años. Recordé a mi madre...
...
Llegué a la gasolinera, llené el bidón y me marché.
Otra vez el mismo camino, con el mismo calor, con los mismos recuerdos... Recordé a mi madre otra vez, a la puta, a Randy, los moteles,...
Perdí la gasolinera de vista y, entonces, me duché en gasolina encendí un porro, abracé la bandera, y dejé caer la cerilla.
Conducía mi furgoneta a 240km/h cuando, sin sorprenderme, aparecí en el infierno.
Jorge.
Entonces Seré un Romántico Anticuado.
Ella soñaba con volar entre pétalos de rosa blanca y un perfume dulce que daría aroma a cada ambiente tenso. Su nombre era Azura.
Era tan peculiar como la vida misma.
Aquella mañana yo estaba emborrachándome. Dios. Eran incomodísimas las miradas de la gente del metro. ¿Cómo era posible que un chaval, borracho, estuviese leyendo poesía? se preguntaban.
Yo corría de un lado a otro, con ganas de leer y leer, con ganas de volar y soñar, con ganas de ella.
________________
La vida era puta. Muy puta. Pero ¿quién era yo para quejarme? Después de lo de Japón. Después de lo del motaje del 11-S, después de las GM,... ¿Quién soy yo para quejarme? Mi única queja era que faltaba alcohol en mi copa y si la vida era puta pues que la jodiesen bien ¡NO ME JODAS!
Era tan peculiar como la vida misma.
Aquella mañana yo estaba emborrachándome. Dios. Eran incomodísimas las miradas de la gente del metro. ¿Cómo era posible que un chaval, borracho, estuviese leyendo poesía? se preguntaban.
Yo corría de un lado a otro, con ganas de leer y leer, con ganas de volar y soñar, con ganas de ella.
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La vida era puta. Muy puta. Pero ¿quién era yo para quejarme? Después de lo de Japón. Después de lo del motaje del 11-S, después de las GM,... ¿Quién soy yo para quejarme? Mi única queja era que faltaba alcohol en mi copa y si la vida era puta pues que la jodiesen bien ¡NO ME JODAS!
Jorge.
martes, 22 de marzo de 2011
Rick y sus historias.
Odiaba la lluvia. Aunque yo era consciente de que ésta es vital para que todo siga su ciclo.
Maldecía cada condenado día gris en el que madrugaba -eso siempre, llueva, nieve, haga sol, etc.-, y, desde las 6:50, me marcaba esa seriedad en mi rostro imposible de borrar.
Me recordaba a aquellos maravillosos fines de semana, aunque de maravillosos no tenían nada. Aquellos fines de semana en los que, cual animal, babeaba impaciente por un trago. Así que, ahí me teníais, desde las 16:00 compartiendo banco con un desconocido y si, con mi querida cerveza.
Solíamos charlar sobre nuestras anécdotas personales hasta que, debido al alcohol, comenzaba a desconfiar de aquel hombre. Un hombre rodeado de buenas intenciones pero con una apariencia realmente repugnante. Su nombre era Rick. Calzaba un 44, según me dijo, y, según él, yo le recordaba mucho a su juventud.
Me advirtió de los problemas del alcohol, de la cocaína y de la heroína; de la soledad y el amor; de la familia y el hogar;... Un buen hombre, quizás. Repleto de historias tristes pero realmente curiosas.
El amor me recordaba a una planta. Está viva, es agradable a la vista y agradable sentimentalmente hablando. Pero necesita la lluvia, el agua, esos días grises. Y es por esto por lo que, en ocasiones uno maldice el amor como aquellos días de lluvia.
Un día me encontré a Rick. Olía mal y vestía la misma camiseta de tres tallas más del grupo Guns N' Roses. Me preguntó donde había comprado mi litrona. Yo le respondí. Y fue para el local de alimentación. A los cinco minutos volvió indeciso y con las manos bacías.
-Está cerrado.
Yo me mantuve en silencio y le di otro trago sin mirarle a los ojos. Se sentó a mi lado y dijo "¿Sábes? Yo cuando era joven también bebía". Es entonces cuando me di cuenta de que todo era una mentira.
Maldecía cada condenado día gris en el que madrugaba -eso siempre, llueva, nieve, haga sol, etc.-, y, desde las 6:50, me marcaba esa seriedad en mi rostro imposible de borrar.
Me recordaba a aquellos maravillosos fines de semana, aunque de maravillosos no tenían nada. Aquellos fines de semana en los que, cual animal, babeaba impaciente por un trago. Así que, ahí me teníais, desde las 16:00 compartiendo banco con un desconocido y si, con mi querida cerveza.
Solíamos charlar sobre nuestras anécdotas personales hasta que, debido al alcohol, comenzaba a desconfiar de aquel hombre. Un hombre rodeado de buenas intenciones pero con una apariencia realmente repugnante. Su nombre era Rick. Calzaba un 44, según me dijo, y, según él, yo le recordaba mucho a su juventud.
Me advirtió de los problemas del alcohol, de la cocaína y de la heroína; de la soledad y el amor; de la familia y el hogar;... Un buen hombre, quizás. Repleto de historias tristes pero realmente curiosas.
El amor me recordaba a una planta. Está viva, es agradable a la vista y agradable sentimentalmente hablando. Pero necesita la lluvia, el agua, esos días grises. Y es por esto por lo que, en ocasiones uno maldice el amor como aquellos días de lluvia.
Un día me encontré a Rick. Olía mal y vestía la misma camiseta de tres tallas más del grupo Guns N' Roses. Me preguntó donde había comprado mi litrona. Yo le respondí. Y fue para el local de alimentación. A los cinco minutos volvió indeciso y con las manos bacías.
-Está cerrado.
Yo me mantuve en silencio y le di otro trago sin mirarle a los ojos. Se sentó a mi lado y dijo "¿Sábes? Yo cuando era joven también bebía". Es entonces cuando me di cuenta de que todo era una mentira.
Jorge
domingo, 20 de marzo de 2011
Yo era vecino de la familia Wyght. Siempre se les escuchaba. Recuerdo que una noche ella llegó a casa de trabajar y se encontró a Reed -su marido- acostándose con otra mujer. ¿Qué cómo lo se? Sencillo, no había más que escuchar el portazo.
Fue un portazo seco, como el que me pegó Thalia cuando le dije que me gasté todo mi sueldo en la tragaperras. Tan quisquiciosa ella...
Siempre me lo prohibía -aunque parte de razón tenía, era tan malo que no acertaba ni una- y, encima, ella, si alguna vez ahorraba, se iba de "caprichitos" -como decía ella- y no sobraba ni un centavo. No me jodas.
Aquella noche me bajé al bar con un par de libras. Era tan normal verme ahi que el camarero, Williams, me dejaba 20centavos para terminar la jugada. Todo un desperdicio, para qué engañarnos. Aunque ese día fue distinto.
Repito.
Bajé al bar con un par de libras, jugába el Manchester y el bar estaba repleto de gente. Cánticos de unos por el este cantos de los otros por el oeste. En fin, mucho ruido y pocas nueces. Tal era el barullo que nadie se enteraría de nada.
Gasté mis dos libras, esta vez en un sucio cigarrio y cerveza. Disfruté del ambiente y, cuando me dirigía a la salida, vi una chaqueta larga de mujer perdida entre las mesas. Sin pensarlo, la cogí y salí del bar.
Me dirigí a una pequeña calle, comprobé los bolsillos y en uno de ellos encontré la identificación. Joder, era de una mujer, no me equivocaba. Su nombre era Cynthia, Cynthia Wyght, mi vecina.
Era pelirroja, con pequeñas pecas y solía llevar unos tacones que retumbaban por todo el barrio.
La cazadora tenía 300 libras. Debería quedarmelas y dar una alegría a mi mujer, pero preferí quedar con ella, invitarla a unas pintas y devolverle el dinero.
Fue un portazo seco, como el que me pegó Thalia cuando le dije que me gasté todo mi sueldo en la tragaperras. Tan quisquiciosa ella...
Siempre me lo prohibía -aunque parte de razón tenía, era tan malo que no acertaba ni una- y, encima, ella, si alguna vez ahorraba, se iba de "caprichitos" -como decía ella- y no sobraba ni un centavo. No me jodas.
Aquella noche me bajé al bar con un par de libras. Era tan normal verme ahi que el camarero, Williams, me dejaba 20centavos para terminar la jugada. Todo un desperdicio, para qué engañarnos. Aunque ese día fue distinto.
Repito.
Bajé al bar con un par de libras, jugába el Manchester y el bar estaba repleto de gente. Cánticos de unos por el este cantos de los otros por el oeste. En fin, mucho ruido y pocas nueces. Tal era el barullo que nadie se enteraría de nada.
Gasté mis dos libras, esta vez en un sucio cigarrio y cerveza. Disfruté del ambiente y, cuando me dirigía a la salida, vi una chaqueta larga de mujer perdida entre las mesas. Sin pensarlo, la cogí y salí del bar.
Me dirigí a una pequeña calle, comprobé los bolsillos y en uno de ellos encontré la identificación. Joder, era de una mujer, no me equivocaba. Su nombre era Cynthia, Cynthia Wyght, mi vecina.
Era pelirroja, con pequeñas pecas y solía llevar unos tacones que retumbaban por todo el barrio.
La cazadora tenía 300 libras. Debería quedarmelas y dar una alegría a mi mujer, pero preferí quedar con ella, invitarla a unas pintas y devolverle el dinero.
Jorge.
sábado, 19 de marzo de 2011
Elton.
Elton acababa de ser despedido. Estaba hasta los huevos. Quizás le habían echado una mano sin darse cuenta de ello.
Esa misma noche salió a intentar celebrarlo o, directamente, ahogar las penas y desgracias.
Llegó a casa, le costó abrir la puerta pero, tras varios intentos, consiguió lo propuesto. Ahí se encontraba Christie, una morena alucinante. Era más joven que él y, a veces, se sentía niñera de Elton.
-Has bebido, ¿verdad?-dijo Christie.
-Déjame en paz.-respondió Elton.
-¿Estas bien? ¿Por qué lloras?
-Déjame en paz.
-¡Joder! ya basta Elton, no entiendo nada. Vienes a casa con un hedor a alcohol asqueroso, con lágrimas en tus ojos y un humor de perros. ¿Lo ves normal?
-Quítate la ropa.
-¡¿Lo ves?! ¡A esto me refiero! No puedo seguir así Elton.
Elton se fue al pasillo déjando antes las llaves y la gabardina en su sitio. Volvió al salón y se quedó observándola.
-¿Por qué no te has quitado la ropa, puta?
-Joder Elton... basta ya, por favor.
...
-Tienes razón, ¡Joder!
Elton se sentó, miró al suelo y, acto seguido, se sirvió una copa. Era un vino de mala calidad, asqueroso, de ese que compran los chavales en el chino.
Sirvió una copa y se la entregó a Christie.
-Siempre tan caballeroso. Es por ésto por lo que me enamoré de ti. Eres demasiado único Elton.
Elton siguió callado.
-¿No te das cuenta? Podría ser la puta que piensas que soy y llamar a cualquier vecino. ¡Estan muertos por mi, mis pechos, mi cuerpo y mi todo...!
Elton no medió palabra.
-Pero aquí me tienes. Como una idiota, deseando que vengas para hacerte el amor y tú sólo te limitas a insultarme ¿lo ves normal?
Elton cogió su gabardina, miro a Christie, se acercó, la agarró de la cabeza, la besó y le dijo <<Ojalá estés cuando vuelva>>.
_______________________________
Voy borracho. Ahora me bajaré a la calle.
Esa misma noche salió a intentar celebrarlo o, directamente, ahogar las penas y desgracias.
Llegó a casa, le costó abrir la puerta pero, tras varios intentos, consiguió lo propuesto. Ahí se encontraba Christie, una morena alucinante. Era más joven que él y, a veces, se sentía niñera de Elton.
-Has bebido, ¿verdad?-dijo Christie.
-Déjame en paz.-respondió Elton.
-¿Estas bien? ¿Por qué lloras?
-Déjame en paz.
-¡Joder! ya basta Elton, no entiendo nada. Vienes a casa con un hedor a alcohol asqueroso, con lágrimas en tus ojos y un humor de perros. ¿Lo ves normal?
-Quítate la ropa.
-¡¿Lo ves?! ¡A esto me refiero! No puedo seguir así Elton.
Elton se fue al pasillo déjando antes las llaves y la gabardina en su sitio. Volvió al salón y se quedó observándola.
-¿Por qué no te has quitado la ropa, puta?
-Joder Elton... basta ya, por favor.
...
-Tienes razón, ¡Joder!
Elton se sentó, miró al suelo y, acto seguido, se sirvió una copa. Era un vino de mala calidad, asqueroso, de ese que compran los chavales en el chino.
Sirvió una copa y se la entregó a Christie.
-Siempre tan caballeroso. Es por ésto por lo que me enamoré de ti. Eres demasiado único Elton.
Elton siguió callado.
-¿No te das cuenta? Podría ser la puta que piensas que soy y llamar a cualquier vecino. ¡Estan muertos por mi, mis pechos, mi cuerpo y mi todo...!
Elton no medió palabra.
-Pero aquí me tienes. Como una idiota, deseando que vengas para hacerte el amor y tú sólo te limitas a insultarme ¿lo ves normal?
Elton cogió su gabardina, miro a Christie, se acercó, la agarró de la cabeza, la besó y le dijo <<Ojalá estés cuando vuelva>>.
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Voy borracho. Ahora me bajaré a la calle.
martes, 15 de marzo de 2011
La historia de Jack.
Ahora Fanny contempla ese cuadro. Aquel reflejo del realismo puro, de lo más humano, lo más sincero y que sólo ella consigue entender.
Siempre quise escoger bien el camino, es Martes y ya estoy pensando con qué me emborracharé este fin de semana. Será que añoro el dar brincos entre el barullo y las risas, unas bonitas y otras horribles pero, al fin y al cabo, risas.
Jack no terminaba de creérselo, aunque era consciente de que Sophie lo sabía. Jack necesitaba otro trago para poder volver a ser agradable, como en sus tiempos de niño.
Sophie temía lo inevitable, sabía que Jack no era el mismo. La madurez y el paso de los años habían sido complices del crimen. Aquel crimen en el que, el puro Jack, el Jack de toda la vida, había sido asesinado para dar paso al Jack destruido por su propia guerra interna. Y es por esto que le temía.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Se que no soy ningún poeta. Es más, envídio a aquellos/as que poseen este don.
Espero no acabar en un sucio lavabo con desconocidos, mirándome al espejo y fingiendo una sonrisa.
Constancia y trabajo, constancia y trabajo, constancia y trabajo,... al final, el resultado, siempre va a ser el mismo.
Ahora no puedo dormir, estoy mirando el techo de mi habitación esperando un ángel o, por lo menos, una jodida gripe que me mantenga en cama un largo periodo de tiempo.
Es una pena que me quede el 13% de batería... si no me pasaría toda la noche escribiendo penas y desgracias.
_____________________
Mataría por un trago.
miércoles, 16 de febrero de 2011
domingo, 13 de febrero de 2011
lunes, 24 de enero de 2011
miércoles, 12 de enero de 2011
Así de sencillo.
¿De qué serviran estas lágrimas? ¿Este profundo dolor que me ahoga sin dejarme decir palabra?
Entonces se que no son eficientes para la realidad. Que en esta vida no hay cavidad para los sentimientos, para las preferencias o para saber que es más vital en la vida de uno mismo.
He sabido dar la espalda, he sabido rechazar, he sabido hacer mil tipo de acciones para que las personas que quiero, salgan favorecidas.
Día a día siento que debería ser así de egoista. De, aún sabiendo que son errores, hacerlo por mi interes propio sin temer al daño que puedan a hacer... ¿A quién quiero engañar? No soy capaz de hacer esto.
Ya está asumido, no lo que pueda ocurrir, sino que otro día más sufra por lo mismo. Que sufra el desafio de tomarlo o dejarlo. Así de sencillo.
De fondo suena: Number of the best-Djali Zwan
martes, 11 de enero de 2011
Violeta...
La reina del baile. No había una mirada que no se detuviese en ella, hembras y machos no podían evitar su belleza.
Ya podía hacer todo el frío mundial que a su lado es imposible evitar sufrir sus calores.
Es como una droga. Dependes de ella, de su sonrisa y de sus besos. Uno/a es capáz de matar por ser el culpable de su risa aunque muchos/as desearían que la tierra les tragase cuando el enfado se apodera de su persona.
Yo soy drogadicto de ella, de su cabello y de su perfume de rosas. De sus prendas impregnadas de su olor natural, y de esa piel suave imposible de borrar de mi mente.
Quiero cuidarla y, aunque me cueste negarlo, no me gusta compartirla.
Soy fetichista de sus ojos, de su humor y de sus caricias. Quizás esté loco... pero no la cambiaría por nada de este mundo.
Violet...
lunes, 10 de enero de 2011
Iguales y semejantes.
Otro día más vuelvo a casa con las suelas mojadas, con los nudillos rojos y con el abono arrugado y húmedo.
Un día duro aunque, reflejando tu sonrisa y disfrutando de tu risa, he podido sobrevivir otro día más de penuria.
Defiendo a mi madre, a la cual mañana le destinan, de todo tipo de idioteces por Paula. Lo que más me duele no es que mi madre esté cegada, sino que Paula está eligiendo un mal futuro y hay puntos en los que uno ya no puede arrepentirse por nada y a lo hecho pecho.
Quizás llevase meses gritando consejos que eran un "bla bla bla" en aquel entonces. Ahora para lo único que han servido ha sido para remover mi corazón.
Ahora miro adelante con la cabeza agachada y con la lluvia chorreando por el chubasquero deseando encontrar un punto de vista distinto.
Buenas noches.
domingo, 9 de enero de 2011
...
Y si, se acabó la pausa. Mañana es el día. No diría que vuelvo a la rutina porque no creo en ella pero he de admitir que se estaba bien así.
Ya lo tengo planeado, si es un día de lluvia va a ser inevitable tomarme una cerveza por la tarde, aunque me tenga que anclar en las mismas propuestas de principio de curso.
Pretendía tener una cena cómoda, acabar el día con un "cola cao" y dormir como si fuese a invernar. No va a ser así pero por lo menos, me acuesto cenado y tengo una cama para dormir.
Que les sea leve.
Ya lo tengo planeado, si es un día de lluvia va a ser inevitable tomarme una cerveza por la tarde, aunque me tenga que anclar en las mismas propuestas de principio de curso.
Pretendía tener una cena cómoda, acabar el día con un "cola cao" y dormir como si fuese a invernar. No va a ser así pero por lo menos, me acuesto cenado y tengo una cama para dormir.
Que les sea leve.
Perdóname cariño.
Lo conseguí pero... de que me sirve.
Quedarme o irme, he llegado al hotel haciendo eses...
sábado, 1 de enero de 2011
Hoy.
Me había conseguido alejar de esto, no tener la necesidad de volver a caer en las garras aterradoras de este blog. Corregirse es de sabios, así que aquí estoy.
Ayer fue un día perfecto. Afectados por el alcohol tú yo bailábamos hora tras hora disfrutando de nuestra unión.
Ebrios, tú y yo, hacíamos cosas sin sentido, desde quedarnos largos minutos mirándonos hasta pegarnos cuatro gritos tontos sin mala intención.
La noche acabó en mañana y en un lindo beso que, en tu casa, me dejaba con el buen cuerpo de un acto bien hecho y la tranquilidad de que todo estaba correctamente. Acto seguido, la vuelta a casa.
¿No podemos gozar del recuerdo de los buenos momentos? De la confianza que tenemos de, si algo no nos gusta o nos preocupa, poder decirlo sin tapujos y sin el miedo a la reacción de la otra persona.
No he buscado nunca culpables, las cosas son y si no están bien hay que buscar solución. Aunque siempre haya un culpable o uno de los dos no quiera encontrar la solución. Ya saben, "dos no pelean si uno no lo desea".
Toda una dama y todo un caballero. Así nos definiría ayer.
Hoy, una interminable lucha en busca de la felicidad y el retroceso continuo por los malos actos del pasado.
De fondo suena: Secret Garden-Nocturne
http://www.youtube.com/watch?v=SQTfVmlCi3k
Feliz 2011.
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