"A cualquier dolencia, el remedio la paciencia." Dice el dicho.
Pero no habría dicho que explicase lo sucedido.
Pierre se sentía sucio. Y ni una ducha de agua hirviendo conseguiría limpiar su conciencia.
Como el polvo. Se esparcía por el aire pasando desapercibido.
Pierre, bajo la luz tenue y la profunda mirada de la soledad, analizaba la situación. Falto de coraje y de valor, tenía la boca sellada por el miedo a que está le desvelase.
Poco a poco, pero con constancia, notaba como adelgazaba su figura. No había nervio mayor que el de Pierre. No mediaba palabra con nadie y su mirada estaba perdida entre la muchedumbre.
La tensión era la protagonista.
Las venas estaban tan hinchadas por el calor de la sangre, que parecía que iban a estallar. Algunas lo hacían produciendo hematomas donde nadie se imaginaría.
Quizás esa fuese la solución.
El beneficio propio, el orgullo, la falta de carisma, el sensacionalismo, las terceras personas,... Son hándicaps que, en muchos casos, funcionan como balas.
Pierre guarda silencio. Guarda silencio. Guarda silencio, tres metros bajo el suelo.
"Mi corazón se marchitó entre tanta mierda
Ahora camino solo, ausente y sin pausa
Tengo miedo como la sociedad a la izquierda
Me da igual todo yo solo pienso en tu blusa.
Necesito ir a la psicóloga
vuelvo a delirar con absurdos diálogos
ya no se escribir así que me rindo
Cuando fallezca escribiré mi epílogo."