Richard tuvo que renovar su pasaporte para hacer esos viajes. No eran viajes largos ni duros, a veces daban pereza, sí, pero no por eso dejaba de hacerlos.
No sólo tuvo que renovar su pasaporte. Ese miedo -que nunca existió pero apareció de repente- lo eliminó para volver a vivir esos viajes en los que pasaban mil situaciones, aunque aparentemente no pasase nada.
Cada trayecto podía significar dos cosas. O el mejor de sus días, o un infierno. Desde que actualizó el pasaporte, todo fue a mejor. Quizá le gustó revivir esos paseos.
Richard, quien desconectaba de todo en cada aventura. Quien quería ir para renovar esa sonrisa. Quien viajaba porque no podía vivir sin esos viajes... Quien luchó contra sus miedos para volver a subirse a ese crucero.
Richard, quien espera su turno para montarse a ese autobús. Para que le devuelva esos miedos. Le borre esa alegría. Le traslade a su mundo... Le devuelva al infierno.
Dedicado a ese destino que nos ha hecho tan felices.
Buen viaje Richard.
Buen viaje Richard.
