La Fosa del Cariño

La Fosa del Cariño

miércoles, 30 de abril de 2014

La casera y los ladrones.

Martes.
Inundado martes en el que Evens recibió los golpes más duros que hasta entonces había encajado. El muy cabrón, teniendo que madrugar al día siguiente para cumplir con su labor, sólo deseaba darse un baño caliente como los que Amie -su compañera de piso- se daba cada noche.
Un día gris e intenso. Pese al buen día, el deporte, haber cumplido laboralmente, etc.
Un día gris e intenso que acabó rojo y en estado de climax.


En mitad de la noche, un golpe seco y duro hizo temblar aquel apartamento. Como era evidente y por miedo a que fuese un robo -sí, había muchos por la zona ultimamente- la casera se despertó angustiada y algo asustada con la situación.
Habitación por habitación fue abriéndolas con cautela, pero armada con un grito potente que no pasaría desapercibido en una noche tan solitaria como esta.
Fue entonces cuando llegó a la habitación de Evens. Él estaba de espaldas y a oscuras. La pared, que siempre estaba adornada con fotografías, se encontraba descompuesta. Fotos por la cama, algunas a medio colgar y otras levemente desplazadas.
Era extraño, pero la casera lo primero que hizo fue fijarse en la pared, quizás por el miedo que tuvo siempre a Evens y a su tensa mirada. Y, entre todas estas fotos a blanco y negro, pudo ver una con manchas rojas.
Fue entonces cuando miró a Evens. Estaba complétamente en silencio, y sólo movía el brazo. En otro contexto podríamos llegar a pensar que simplemente se estaba masturbando. Pero no. Hoy no era ese día.
Cuidadosamente la casera cerró la puerta y se retiró junto al ruido de sus pisadas.


("Ojalá pudiese darme un baño como los de Amie")


Historia dedicada a: 
La inocencia, la ternura y
el odio.


 La Fosa del Cariño
2014
  





jueves, 24 de abril de 2014

El tiempo, el cariño y el odio.



                      Chase nunca conoció bien sus gustos. La verdad, nunca llegó a conocerse bien a si mismo. Por mucho que delante de la gente presumiera de unas u otras aventuras, él sabía que sin ese brebaje mágico no era más que uno cualquiera. Tan sólo era una silueta, marcada a trazo por un rotulador en la acera, que se borraba con las pisadas y la lluvia de Abril.
No olvidaba su historia. Ni a quienes han formado parte de ésta. Pero, pese a haber conseguido acabar con ciertas adicciones como el alcohol, besar con los ojos abiertos o no aceptar la caricia de una madre. Lo que nunca olvidó, fue como darle las buenas noches a esa chica que, al fin y al cabo, fue la única que supo decirle que le quería.



Especial dedicación a:
Javier Oybin y Laura Lozano,
por volver a dar vida a este armario de historias caducas.



24-04-14

La Fosa del Cariño