Mi nombre es Dean. Y he frecuentado todos los bares de mi pueblo como casas de putas habidas y por haber hay en el distrito. Ahora he dejado el alcohol.
Y dicho esto, diré en defensa de esta bebida, que sigo igual de trastornado que antes. Que mi mente que trabaja a 200 km/h -y no lo digo yo, lo ha dicho Cameron-, sigue pasada de revoluciones. Que mi felicidad viene y va, como el amor que siento por la chica que me quita el sueño. Que no cumplo mis labores y que me masturbo igual, o más, que en aquella época bañada de cerveza. Y, para colmo, mi amargura aumenta según avanza el día.
Ahora todo me da igual. Mi problema no es otro que yo mismo. Y, pese a haber miles de dramas más profundos y dolorosos que éste, no hay mayor desgracia que ver como uno va hacia la locura.
La solución es sencilla. ¿Qué harían ustedes si no pueden soportarse ni así mismos/as y su felicidad sería desaparecer totalmente del planeta? La solución está bastante clara.
Con mucho cariño y amor para:
Quien soporta y sufre mis quebraderos.