Me encontraba cenando en aquella mesa. No podía concentrarme en disfrutar de los alimentos por su culpa.
No podía ni mirarla, me hervía la sangre. El tick de la mano duraba y cada minuto empeoraba. Pensé en ir a ver a Carmen, mi psicóloga, pero quizás solo empeoraría las cosas.
Caminaba disfrutando del asfalto, de las olas de la carretera, de las líneas blancas, del ruido, de mi propio vacío y del calor abrasador; de mi cerveza, del bien estar de consolar a alguien, de mi esquizofrenia causada por aquella señorita y de lo que me esperaba al llegar a casa.
El silencio era dueño de mi. Estaba solo y me sentía más solo aún... solo deseaba estar con ella, disfrutar de su sonrisa, de la melodía de sus carcajadas y de su curiosa locura que se apoderaba de mi cerebro. Solo deseaba estar con ella, saber como era su vida, como se sentía, como hacía el amor y como se lo hacían.
Adoro este silencio que se apodera de mi.
La Fosa del Cariño
jueves, 31 de marzo de 2011
miércoles, 30 de marzo de 2011
Como hacía Conny.
http://www.google.com/support/forum/p/blogger/thread?tid=2d65fa13135593f8&hl=es
_______________________
Hoy si. Hoy tenía que escribir.
Acababa de llegar a casa con los nudillos rojos y alguno que otro lleno de sangre. Me agradaba, de vez en cuando los chupaba y bendecía ese sabor de óxido de la sangre que me recorría todo el cuerpo.
Otra vez ella. Otra vez. No lo soportaba. Conny, aquella pequeña diablilla que habitaba en mis entrañas.
Como no, hoy era otro día tenso. Otro día en el que todo fue bien hasta que decidí pensar en ella. En su cabello, en su edad, en su egoísmo y en su estúpida voz que, además, hacía finalizar todas las palabras como si fuesen agudas.
Le gustaba presumir de ser desgraciada, de llamar la atención con sus muñecas de niña y, como no, de que todo el humilde bloque se enterara de nuestras discusiones.
Le gustaba llorar. Yo creo que a todos. Pero su llanto era distinto, chirriaba; era como aquel canto de sirena que te decía ven pero su sonido era nefasto. ¡Ni un Castrati lograba tonos tan agudos!
Yo me seguía mirando los nudillos. Mirando mi cara de idiota en el espejo. Dios, ¿Cómo has permitido que llegue todo a este punto?
Desgraciadamente para Dios, yo ya no confiaba en él ni en sus caprichos que, para él, le resultaban divertidos.
De camino a casa con lágrimas en mis mejillas me crucé con una mujer que, por mis gestos o por yo que se, se dignó a saludarme. No la reconocía ni me preocupé por ella. Aunque en 5 minutos había conseguido que me olvidase de Conny.
Ahí la tenía llorando con su victimismo y su afán de protagonismo. Penoso.
Los nudillos me seguían sangrando y, además, estaba comenzando a temer por el fuerte temblor de mi mano izquierda. Tomé un baso de leche fría y continué escribiendo.
Me apetecía escribir poesía. Si, tenía antojo. Pero tenía -y tengo- tanto odio apoderado de mi que solo se escribir brutalidades sin sentido.
Decididamente debería tirar la toalla. Mirar por mi y por mi. Como hacía Conny... sucia hijadeperra. Pero ¿qué le iba a hacer? Quieras que no, la quiero. Y eso hace que no pueda rendirme por mucha mierda que me lleve...
Finalmente lo único que saqué de provecho en una tarde tan dura y peligrosa fue un buen trago de sangre oxidada y una noche entretenida buscando métodos de parar aquel temblor.
Dedicado al día de hoy.
_________________
http://www.google.com/support/forum/p/blogger/thread?tid=2d65fa13135593f8&hl=es
_______________________
Hoy si. Hoy tenía que escribir.
Acababa de llegar a casa con los nudillos rojos y alguno que otro lleno de sangre. Me agradaba, de vez en cuando los chupaba y bendecía ese sabor de óxido de la sangre que me recorría todo el cuerpo.
Otra vez ella. Otra vez. No lo soportaba. Conny, aquella pequeña diablilla que habitaba en mis entrañas.
Como no, hoy era otro día tenso. Otro día en el que todo fue bien hasta que decidí pensar en ella. En su cabello, en su edad, en su egoísmo y en su estúpida voz que, además, hacía finalizar todas las palabras como si fuesen agudas.
Le gustaba presumir de ser desgraciada, de llamar la atención con sus muñecas de niña y, como no, de que todo el humilde bloque se enterara de nuestras discusiones.
Le gustaba llorar. Yo creo que a todos. Pero su llanto era distinto, chirriaba; era como aquel canto de sirena que te decía ven pero su sonido era nefasto. ¡Ni un Castrati lograba tonos tan agudos!
Yo me seguía mirando los nudillos. Mirando mi cara de idiota en el espejo. Dios, ¿Cómo has permitido que llegue todo a este punto?
Desgraciadamente para Dios, yo ya no confiaba en él ni en sus caprichos que, para él, le resultaban divertidos.
De camino a casa con lágrimas en mis mejillas me crucé con una mujer que, por mis gestos o por yo que se, se dignó a saludarme. No la reconocía ni me preocupé por ella. Aunque en 5 minutos había conseguido que me olvidase de Conny.
Ahí la tenía llorando con su victimismo y su afán de protagonismo. Penoso.
Los nudillos me seguían sangrando y, además, estaba comenzando a temer por el fuerte temblor de mi mano izquierda. Tomé un baso de leche fría y continué escribiendo.
Me apetecía escribir poesía. Si, tenía antojo. Pero tenía -y tengo- tanto odio apoderado de mi que solo se escribir brutalidades sin sentido.
Decididamente debería tirar la toalla. Mirar por mi y por mi. Como hacía Conny... sucia hijadeperra. Pero ¿qué le iba a hacer? Quieras que no, la quiero. Y eso hace que no pueda rendirme por mucha mierda que me lleve...
Finalmente lo único que saqué de provecho en una tarde tan dura y peligrosa fue un buen trago de sangre oxidada y una noche entretenida buscando métodos de parar aquel temblor.
Dedicado al día de hoy.
_________________
http://www.google.com/support/forum/p/blogger/thread?tid=2d65fa13135593f8&hl=es
martes, 29 de marzo de 2011
Volar en Lunes.
http://www.google.com/support/forum/p/blogger/thread?tid=2d65fa13135593f8&hl=es
_____________________
Todo estaba mal en Liverpool. Así que, sin comentárselo a nadie, decidí tomarme unas pequeñas vacaciones. Por llamarlo de alguna manera.
¿A dónde ir? ¿Dónde dormir?, etc. Eran preguntas que no me importaban lo más mínimo.
Era un día soleado, de camino al Aeropuerto, las ramas de los árboles florecían y, sonriéndome, me transmitían buenas vibraciones.
Sabía que me dejaba cosas atrás, como aquel compañero de piso que solo me daba desgracias y al que he querido asesinar en alguna ocasión; o aquella puta que, aún estando enamorada de otro hombre, me lanzaba pullitas intentando fingir su gran felicidad y lo poco que yo le hacía falta. "Oh, Jordan, como me alegro que no sigamos juntos" o "No debí luchar por algo inútil como nuestro amor"; pero lo que más me dolía era mi madre. Pobre mujer, siempre dejándose los huesos por mi y la familia.
Solía pasar a verme cada día, me traía un bocadillo y, a escondidas, me dejaba un par de centavos junto a mis llaves de casa.
De camino al aeropuerto comencé a notar algo en mi interior, una sensación de añoranza quizás. Comencé a marearme y decidí sentarme en un banco, saqué la cerveza caliente que llevába en mi mochila y me la bebí casi de un trago. Estaba ardiendo, el gas no se hacía notar y aquellos árboles primaverales se marchitaron al segundo.
Todo pintaba mal en Liverpool, pero era consciente de que también estaría mal en Londres y sus suburbios, en las calles de Oxford, en las Ramblas de Barcelona, en el Barrio rojo de Amsterdam,...
El mareo no cesaba y comencé a notar en mis tripas una guerra interna, mi yo interior me propuso un debate y yo acepté el desafío, aún sabiendo que no era tiempo para ello, acepté.
Pasado el tiempo me fui encontrando peor. me terminé la botella. Una mujer pasó y se preocupó por mi. No era una belleza, pero el meró hecho de que se preocupase por mí le dió un aspecto aún más agradable.
- ¿Está bien señor?
- Déjeme en paz.
- No.
Comencé a temblar de frio, fiebre. Era una fiebre durísima, la primavera y todos sus encantos se entumecieron ante mis vómitos y la sangre de éstos. Todo tenía un tono rosado. Como el vino. Noté vibraciones cercanas, cada vez más altas, más fuertes. Era la señora se estaba acercando.
Sin pensarlo y, debido a la fiebre, comencé a acariciarle los piés. La señora se asustó y grito, yo no podía ni oirlo. Así que continué. Ella se puso de cunclillas para incorporarme, yo subí con mis manos -ella se dejaba, era consciente de mi estado de falta de coherencia-. Comencé a tocar sus pechos y noté que la fiebre me bajaba, le acaricié la cara y conseguí fijarme en sus ojos. Ojos verde esmeralda, brillantes como el cuarzo, de mirada intensa.
Me paralicé, conseguí enfocar la mirada más allá de su cara. Todo volvía a florecer. Todo tenía sentido. Me levanté y limpié los restos de sangre y vómito de mi boca.
Los dos nos quedamos mirándonos, quietos, ante un mundo paralizado. Me presenté y le pregunté su nombre.
Gracias Primavera.
________________________
http://www.google.com/support/forum/p/blogger/thread?tid=2d65fa13135593f8&hl=es
_____________________
Todo estaba mal en Liverpool. Así que, sin comentárselo a nadie, decidí tomarme unas pequeñas vacaciones. Por llamarlo de alguna manera.
¿A dónde ir? ¿Dónde dormir?, etc. Eran preguntas que no me importaban lo más mínimo.
Era un día soleado, de camino al Aeropuerto, las ramas de los árboles florecían y, sonriéndome, me transmitían buenas vibraciones.
Sabía que me dejaba cosas atrás, como aquel compañero de piso que solo me daba desgracias y al que he querido asesinar en alguna ocasión; o aquella puta que, aún estando enamorada de otro hombre, me lanzaba pullitas intentando fingir su gran felicidad y lo poco que yo le hacía falta. "Oh, Jordan, como me alegro que no sigamos juntos" o "No debí luchar por algo inútil como nuestro amor"; pero lo que más me dolía era mi madre. Pobre mujer, siempre dejándose los huesos por mi y la familia.
Solía pasar a verme cada día, me traía un bocadillo y, a escondidas, me dejaba un par de centavos junto a mis llaves de casa.
De camino al aeropuerto comencé a notar algo en mi interior, una sensación de añoranza quizás. Comencé a marearme y decidí sentarme en un banco, saqué la cerveza caliente que llevába en mi mochila y me la bebí casi de un trago. Estaba ardiendo, el gas no se hacía notar y aquellos árboles primaverales se marchitaron al segundo.
Todo pintaba mal en Liverpool, pero era consciente de que también estaría mal en Londres y sus suburbios, en las calles de Oxford, en las Ramblas de Barcelona, en el Barrio rojo de Amsterdam,...
El mareo no cesaba y comencé a notar en mis tripas una guerra interna, mi yo interior me propuso un debate y yo acepté el desafío, aún sabiendo que no era tiempo para ello, acepté.
Pasado el tiempo me fui encontrando peor. me terminé la botella. Una mujer pasó y se preocupó por mi. No era una belleza, pero el meró hecho de que se preocupase por mí le dió un aspecto aún más agradable.
- ¿Está bien señor?
- Déjeme en paz.
- No.
Comencé a temblar de frio, fiebre. Era una fiebre durísima, la primavera y todos sus encantos se entumecieron ante mis vómitos y la sangre de éstos. Todo tenía un tono rosado. Como el vino. Noté vibraciones cercanas, cada vez más altas, más fuertes. Era la señora se estaba acercando.
Sin pensarlo y, debido a la fiebre, comencé a acariciarle los piés. La señora se asustó y grito, yo no podía ni oirlo. Así que continué. Ella se puso de cunclillas para incorporarme, yo subí con mis manos -ella se dejaba, era consciente de mi estado de falta de coherencia-. Comencé a tocar sus pechos y noté que la fiebre me bajaba, le acaricié la cara y conseguí fijarme en sus ojos. Ojos verde esmeralda, brillantes como el cuarzo, de mirada intensa.
Me paralicé, conseguí enfocar la mirada más allá de su cara. Todo volvía a florecer. Todo tenía sentido. Me levanté y limpié los restos de sangre y vómito de mi boca.
Los dos nos quedamos mirándonos, quietos, ante un mundo paralizado. Me presenté y le pregunté su nombre.
Gracias Primavera.
________________________
http://www.google.com/support/forum/p/blogger/thread?tid=2d65fa13135593f8&hl=es
jueves, 24 de marzo de 2011
.
"Sostengo mi copa mientras me echas las culpas
viajes a europa mientras quemo mis cartas
sueño en un bar atiborrandome a birras
buscándole a mi locura alguna cura"
viajes a europa mientras quemo mis cartas
sueño en un bar atiborrandome a birras
buscándole a mi locura alguna cura"
miércoles, 23 de marzo de 2011
Querido Hijo de Puta.
Hoy me he despertado, feliz, no tenía noticias tuyas desde hace un tiempo. Daba gusto ver sonreír a los mios, poder preocuparme de mi novia y todo tipo de gentes.
Pero hoy. Hoy la has cagado pero bien. Te he calado amigo, no paras de joderme a mi y a mi familia, a lo que quiero y por lo que mato, a ti y tu triste y penosa familia de desagradecidos.
Se nos está haciendo bastante tarde. Y yo ya siento lástima por ti.
_________________________________
Conducía mi furgoneta a 240km/h cuando, sin sorprenderme, quedó detenida en mitad del desierto. De la nada.
Ahí estaba yo, solo, con mi sombrero de paja y mi ridícula bandera de la confederación.
Por cierto, mi nombre es Dean.
El cómo acabé de esta manera es otra historia. Imaginaros lo que sea, daba igual.
Yo tenía pareja, Eva, era una relación seria. Aunque la verdad es que me importaba una mierda que ella se follase a cada borracho que le pedía una copa y coqueteaba con ella tras la barra.
Cogí el bidón y me dirigí en busca de la gasolinera más cercana. Era un camino largo y durante éste comencé a delirar, no se si fue por el alcohol, los porros o ese calor infernal.
Estaba en el infierno, rodeado de mis pequeños demonios.
Comencé a pensar en Eva, en como debía sentirse y en si ella me amaba de verdad. Recordé los moteles, con su despertar, salir, trabajar, volver, beber, follar y dormir. Haciendo caso omiso de las personas con las que compartía habitación -no tenía dinero. Ellos si-.
Recordé a mi hermano, Randy. Jodido desagradecido. Compartía habitación conmigo y solo quería pegarse, discutir y fumar. "Así le llegue un cáncer", pensaba yo.
Recordé todos los libros que nunca llegué a leer y todos mis poemas muertos. Recordé a esa puta por la que moría desde los 9 años. Recordé a mi madre...
...
Llegué a la gasolinera, llené el bidón y me marché.
Otra vez el mismo camino, con el mismo calor, con los mismos recuerdos... Recordé a mi madre otra vez, a la puta, a Randy, los moteles,...
Perdí la gasolinera de vista y, entonces, me duché en gasolina encendí un porro, abracé la bandera, y dejé caer la cerilla.
Conducía mi furgoneta a 240km/h cuando, sin sorprenderme, aparecí en el infierno.
Jorge.
Entonces Seré un Romántico Anticuado.
Ella soñaba con volar entre pétalos de rosa blanca y un perfume dulce que daría aroma a cada ambiente tenso. Su nombre era Azura.
Era tan peculiar como la vida misma.
Aquella mañana yo estaba emborrachándome. Dios. Eran incomodísimas las miradas de la gente del metro. ¿Cómo era posible que un chaval, borracho, estuviese leyendo poesía? se preguntaban.
Yo corría de un lado a otro, con ganas de leer y leer, con ganas de volar y soñar, con ganas de ella.
________________
La vida era puta. Muy puta. Pero ¿quién era yo para quejarme? Después de lo de Japón. Después de lo del motaje del 11-S, después de las GM,... ¿Quién soy yo para quejarme? Mi única queja era que faltaba alcohol en mi copa y si la vida era puta pues que la jodiesen bien ¡NO ME JODAS!
Era tan peculiar como la vida misma.
Aquella mañana yo estaba emborrachándome. Dios. Eran incomodísimas las miradas de la gente del metro. ¿Cómo era posible que un chaval, borracho, estuviese leyendo poesía? se preguntaban.
Yo corría de un lado a otro, con ganas de leer y leer, con ganas de volar y soñar, con ganas de ella.
________________
La vida era puta. Muy puta. Pero ¿quién era yo para quejarme? Después de lo de Japón. Después de lo del motaje del 11-S, después de las GM,... ¿Quién soy yo para quejarme? Mi única queja era que faltaba alcohol en mi copa y si la vida era puta pues que la jodiesen bien ¡NO ME JODAS!
Jorge.
martes, 22 de marzo de 2011
Rick y sus historias.
Odiaba la lluvia. Aunque yo era consciente de que ésta es vital para que todo siga su ciclo.
Maldecía cada condenado día gris en el que madrugaba -eso siempre, llueva, nieve, haga sol, etc.-, y, desde las 6:50, me marcaba esa seriedad en mi rostro imposible de borrar.
Me recordaba a aquellos maravillosos fines de semana, aunque de maravillosos no tenían nada. Aquellos fines de semana en los que, cual animal, babeaba impaciente por un trago. Así que, ahí me teníais, desde las 16:00 compartiendo banco con un desconocido y si, con mi querida cerveza.
Solíamos charlar sobre nuestras anécdotas personales hasta que, debido al alcohol, comenzaba a desconfiar de aquel hombre. Un hombre rodeado de buenas intenciones pero con una apariencia realmente repugnante. Su nombre era Rick. Calzaba un 44, según me dijo, y, según él, yo le recordaba mucho a su juventud.
Me advirtió de los problemas del alcohol, de la cocaína y de la heroína; de la soledad y el amor; de la familia y el hogar;... Un buen hombre, quizás. Repleto de historias tristes pero realmente curiosas.
El amor me recordaba a una planta. Está viva, es agradable a la vista y agradable sentimentalmente hablando. Pero necesita la lluvia, el agua, esos días grises. Y es por esto por lo que, en ocasiones uno maldice el amor como aquellos días de lluvia.
Un día me encontré a Rick. Olía mal y vestía la misma camiseta de tres tallas más del grupo Guns N' Roses. Me preguntó donde había comprado mi litrona. Yo le respondí. Y fue para el local de alimentación. A los cinco minutos volvió indeciso y con las manos bacías.
-Está cerrado.
Yo me mantuve en silencio y le di otro trago sin mirarle a los ojos. Se sentó a mi lado y dijo "¿Sábes? Yo cuando era joven también bebía". Es entonces cuando me di cuenta de que todo era una mentira.
Maldecía cada condenado día gris en el que madrugaba -eso siempre, llueva, nieve, haga sol, etc.-, y, desde las 6:50, me marcaba esa seriedad en mi rostro imposible de borrar.
Me recordaba a aquellos maravillosos fines de semana, aunque de maravillosos no tenían nada. Aquellos fines de semana en los que, cual animal, babeaba impaciente por un trago. Así que, ahí me teníais, desde las 16:00 compartiendo banco con un desconocido y si, con mi querida cerveza.
Solíamos charlar sobre nuestras anécdotas personales hasta que, debido al alcohol, comenzaba a desconfiar de aquel hombre. Un hombre rodeado de buenas intenciones pero con una apariencia realmente repugnante. Su nombre era Rick. Calzaba un 44, según me dijo, y, según él, yo le recordaba mucho a su juventud.
Me advirtió de los problemas del alcohol, de la cocaína y de la heroína; de la soledad y el amor; de la familia y el hogar;... Un buen hombre, quizás. Repleto de historias tristes pero realmente curiosas.
El amor me recordaba a una planta. Está viva, es agradable a la vista y agradable sentimentalmente hablando. Pero necesita la lluvia, el agua, esos días grises. Y es por esto por lo que, en ocasiones uno maldice el amor como aquellos días de lluvia.
Un día me encontré a Rick. Olía mal y vestía la misma camiseta de tres tallas más del grupo Guns N' Roses. Me preguntó donde había comprado mi litrona. Yo le respondí. Y fue para el local de alimentación. A los cinco minutos volvió indeciso y con las manos bacías.
-Está cerrado.
Yo me mantuve en silencio y le di otro trago sin mirarle a los ojos. Se sentó a mi lado y dijo "¿Sábes? Yo cuando era joven también bebía". Es entonces cuando me di cuenta de que todo era una mentira.
Jorge
domingo, 20 de marzo de 2011
Yo era vecino de la familia Wyght. Siempre se les escuchaba. Recuerdo que una noche ella llegó a casa de trabajar y se encontró a Reed -su marido- acostándose con otra mujer. ¿Qué cómo lo se? Sencillo, no había más que escuchar el portazo.
Fue un portazo seco, como el que me pegó Thalia cuando le dije que me gasté todo mi sueldo en la tragaperras. Tan quisquiciosa ella...
Siempre me lo prohibía -aunque parte de razón tenía, era tan malo que no acertaba ni una- y, encima, ella, si alguna vez ahorraba, se iba de "caprichitos" -como decía ella- y no sobraba ni un centavo. No me jodas.
Aquella noche me bajé al bar con un par de libras. Era tan normal verme ahi que el camarero, Williams, me dejaba 20centavos para terminar la jugada. Todo un desperdicio, para qué engañarnos. Aunque ese día fue distinto.
Repito.
Bajé al bar con un par de libras, jugába el Manchester y el bar estaba repleto de gente. Cánticos de unos por el este cantos de los otros por el oeste. En fin, mucho ruido y pocas nueces. Tal era el barullo que nadie se enteraría de nada.
Gasté mis dos libras, esta vez en un sucio cigarrio y cerveza. Disfruté del ambiente y, cuando me dirigía a la salida, vi una chaqueta larga de mujer perdida entre las mesas. Sin pensarlo, la cogí y salí del bar.
Me dirigí a una pequeña calle, comprobé los bolsillos y en uno de ellos encontré la identificación. Joder, era de una mujer, no me equivocaba. Su nombre era Cynthia, Cynthia Wyght, mi vecina.
Era pelirroja, con pequeñas pecas y solía llevar unos tacones que retumbaban por todo el barrio.
La cazadora tenía 300 libras. Debería quedarmelas y dar una alegría a mi mujer, pero preferí quedar con ella, invitarla a unas pintas y devolverle el dinero.
Fue un portazo seco, como el que me pegó Thalia cuando le dije que me gasté todo mi sueldo en la tragaperras. Tan quisquiciosa ella...
Siempre me lo prohibía -aunque parte de razón tenía, era tan malo que no acertaba ni una- y, encima, ella, si alguna vez ahorraba, se iba de "caprichitos" -como decía ella- y no sobraba ni un centavo. No me jodas.
Aquella noche me bajé al bar con un par de libras. Era tan normal verme ahi que el camarero, Williams, me dejaba 20centavos para terminar la jugada. Todo un desperdicio, para qué engañarnos. Aunque ese día fue distinto.
Repito.
Bajé al bar con un par de libras, jugába el Manchester y el bar estaba repleto de gente. Cánticos de unos por el este cantos de los otros por el oeste. En fin, mucho ruido y pocas nueces. Tal era el barullo que nadie se enteraría de nada.
Gasté mis dos libras, esta vez en un sucio cigarrio y cerveza. Disfruté del ambiente y, cuando me dirigía a la salida, vi una chaqueta larga de mujer perdida entre las mesas. Sin pensarlo, la cogí y salí del bar.
Me dirigí a una pequeña calle, comprobé los bolsillos y en uno de ellos encontré la identificación. Joder, era de una mujer, no me equivocaba. Su nombre era Cynthia, Cynthia Wyght, mi vecina.
Era pelirroja, con pequeñas pecas y solía llevar unos tacones que retumbaban por todo el barrio.
La cazadora tenía 300 libras. Debería quedarmelas y dar una alegría a mi mujer, pero preferí quedar con ella, invitarla a unas pintas y devolverle el dinero.
Jorge.
sábado, 19 de marzo de 2011
Elton.
Elton acababa de ser despedido. Estaba hasta los huevos. Quizás le habían echado una mano sin darse cuenta de ello.
Esa misma noche salió a intentar celebrarlo o, directamente, ahogar las penas y desgracias.
Llegó a casa, le costó abrir la puerta pero, tras varios intentos, consiguió lo propuesto. Ahí se encontraba Christie, una morena alucinante. Era más joven que él y, a veces, se sentía niñera de Elton.
-Has bebido, ¿verdad?-dijo Christie.
-Déjame en paz.-respondió Elton.
-¿Estas bien? ¿Por qué lloras?
-Déjame en paz.
-¡Joder! ya basta Elton, no entiendo nada. Vienes a casa con un hedor a alcohol asqueroso, con lágrimas en tus ojos y un humor de perros. ¿Lo ves normal?
-Quítate la ropa.
-¡¿Lo ves?! ¡A esto me refiero! No puedo seguir así Elton.
Elton se fue al pasillo déjando antes las llaves y la gabardina en su sitio. Volvió al salón y se quedó observándola.
-¿Por qué no te has quitado la ropa, puta?
-Joder Elton... basta ya, por favor.
...
-Tienes razón, ¡Joder!
Elton se sentó, miró al suelo y, acto seguido, se sirvió una copa. Era un vino de mala calidad, asqueroso, de ese que compran los chavales en el chino.
Sirvió una copa y se la entregó a Christie.
-Siempre tan caballeroso. Es por ésto por lo que me enamoré de ti. Eres demasiado único Elton.
Elton siguió callado.
-¿No te das cuenta? Podría ser la puta que piensas que soy y llamar a cualquier vecino. ¡Estan muertos por mi, mis pechos, mi cuerpo y mi todo...!
Elton no medió palabra.
-Pero aquí me tienes. Como una idiota, deseando que vengas para hacerte el amor y tú sólo te limitas a insultarme ¿lo ves normal?
Elton cogió su gabardina, miro a Christie, se acercó, la agarró de la cabeza, la besó y le dijo <<Ojalá estés cuando vuelva>>.
_______________________________
Voy borracho. Ahora me bajaré a la calle.
Esa misma noche salió a intentar celebrarlo o, directamente, ahogar las penas y desgracias.
Llegó a casa, le costó abrir la puerta pero, tras varios intentos, consiguió lo propuesto. Ahí se encontraba Christie, una morena alucinante. Era más joven que él y, a veces, se sentía niñera de Elton.
-Has bebido, ¿verdad?-dijo Christie.
-Déjame en paz.-respondió Elton.
-¿Estas bien? ¿Por qué lloras?
-Déjame en paz.
-¡Joder! ya basta Elton, no entiendo nada. Vienes a casa con un hedor a alcohol asqueroso, con lágrimas en tus ojos y un humor de perros. ¿Lo ves normal?
-Quítate la ropa.
-¡¿Lo ves?! ¡A esto me refiero! No puedo seguir así Elton.
Elton se fue al pasillo déjando antes las llaves y la gabardina en su sitio. Volvió al salón y se quedó observándola.
-¿Por qué no te has quitado la ropa, puta?
-Joder Elton... basta ya, por favor.
...
-Tienes razón, ¡Joder!
Elton se sentó, miró al suelo y, acto seguido, se sirvió una copa. Era un vino de mala calidad, asqueroso, de ese que compran los chavales en el chino.
Sirvió una copa y se la entregó a Christie.
-Siempre tan caballeroso. Es por ésto por lo que me enamoré de ti. Eres demasiado único Elton.
Elton siguió callado.
-¿No te das cuenta? Podría ser la puta que piensas que soy y llamar a cualquier vecino. ¡Estan muertos por mi, mis pechos, mi cuerpo y mi todo...!
Elton no medió palabra.
-Pero aquí me tienes. Como una idiota, deseando que vengas para hacerte el amor y tú sólo te limitas a insultarme ¿lo ves normal?
Elton cogió su gabardina, miro a Christie, se acercó, la agarró de la cabeza, la besó y le dijo <<Ojalá estés cuando vuelva>>.
_______________________________
Voy borracho. Ahora me bajaré a la calle.
martes, 15 de marzo de 2011
La historia de Jack.
Ahora Fanny contempla ese cuadro. Aquel reflejo del realismo puro, de lo más humano, lo más sincero y que sólo ella consigue entender.
Siempre quise escoger bien el camino, es Martes y ya estoy pensando con qué me emborracharé este fin de semana. Será que añoro el dar brincos entre el barullo y las risas, unas bonitas y otras horribles pero, al fin y al cabo, risas.
Jack no terminaba de creérselo, aunque era consciente de que Sophie lo sabía. Jack necesitaba otro trago para poder volver a ser agradable, como en sus tiempos de niño.
Sophie temía lo inevitable, sabía que Jack no era el mismo. La madurez y el paso de los años habían sido complices del crimen. Aquel crimen en el que, el puro Jack, el Jack de toda la vida, había sido asesinado para dar paso al Jack destruido por su propia guerra interna. Y es por esto que le temía.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Se que no soy ningún poeta. Es más, envídio a aquellos/as que poseen este don.
Espero no acabar en un sucio lavabo con desconocidos, mirándome al espejo y fingiendo una sonrisa.
Constancia y trabajo, constancia y trabajo, constancia y trabajo,... al final, el resultado, siempre va a ser el mismo.
Ahora no puedo dormir, estoy mirando el techo de mi habitación esperando un ángel o, por lo menos, una jodida gripe que me mantenga en cama un largo periodo de tiempo.
Es una pena que me quede el 13% de batería... si no me pasaría toda la noche escribiendo penas y desgracias.
_____________________
Mataría por un trago.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

