La Fosa del Cariño

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miércoles, 30 de marzo de 2011

Como hacía Conny.

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Hoy si. Hoy tenía que escribir. 
Acababa de llegar a casa con los nudillos rojos y alguno que otro lleno de sangre. Me agradaba, de vez en cuando los chupaba y bendecía ese sabor de óxido de la sangre que me recorría todo el cuerpo.
Otra vez ella. Otra vez. No lo soportaba. Conny, aquella pequeña diablilla que habitaba en mis entrañas.
Como no, hoy era otro día tenso. Otro día en el que todo fue bien hasta que decidí pensar en ella. En su cabello, en su edad, en su egoísmo y en su estúpida voz que, además, hacía finalizar todas las palabras como si fuesen agudas.
Le gustaba presumir de ser desgraciada, de llamar la atención con sus muñecas de niña y, como no, de que todo el humilde bloque se enterara de nuestras discusiones.
Le gustaba llorar. Yo creo que a todos. Pero su llanto era distinto, chirriaba; era como aquel canto de sirena que te decía ven pero su sonido era nefasto. ¡Ni un Castrati lograba tonos tan agudos!

Yo me seguía mirando los nudillos. Mirando mi cara de idiota en el espejo. Dios, ¿Cómo has permitido que llegue todo a este punto?
Desgraciadamente para Dios, yo ya no confiaba en él ni en sus caprichos que, para él, le resultaban divertidos.

De camino a casa con lágrimas en mis mejillas me crucé con una mujer que, por mis gestos o por yo que se, se dignó a saludarme. No la reconocía ni me preocupé por ella. Aunque en 5 minutos había conseguido que me olvidase de Conny.

Ahí la tenía llorando con su victimismo y su afán de protagonismo. Penoso.


Los nudillos me seguían sangrando y, además, estaba comenzando a temer por el fuerte temblor de mi mano izquierda. Tomé un baso de leche fría y continué escribiendo.

Me apetecía escribir poesía. Si, tenía antojo. Pero tenía -y tengo- tanto odio apoderado de mi que solo se escribir brutalidades sin sentido.
Decididamente debería tirar la toalla. Mirar por mi y por mi. Como hacía Conny... sucia hijadeperra. Pero ¿qué le iba a hacer? Quieras que no, la quiero. Y eso hace que no pueda rendirme por mucha mierda que me lleve...

Finalmente lo único que saqué de provecho en una tarde tan dura y peligrosa fue un buen trago de sangre oxidada y una noche entretenida buscando métodos de parar aquel temblor.





Dedicado al día de hoy.

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