Fue un portazo seco, como el que me pegó Thalia cuando le dije que me gasté todo mi sueldo en la tragaperras. Tan quisquiciosa ella...
Siempre me lo prohibía -aunque parte de razón tenía, era tan malo que no acertaba ni una- y, encima, ella, si alguna vez ahorraba, se iba de "caprichitos" -como decía ella- y no sobraba ni un centavo. No me jodas.
Aquella noche me bajé al bar con un par de libras. Era tan normal verme ahi que el camarero, Williams, me dejaba 20centavos para terminar la jugada. Todo un desperdicio, para qué engañarnos. Aunque ese día fue distinto.
Repito.
Bajé al bar con un par de libras, jugába el Manchester y el bar estaba repleto de gente. Cánticos de unos por el este cantos de los otros por el oeste. En fin, mucho ruido y pocas nueces. Tal era el barullo que nadie se enteraría de nada.
Gasté mis dos libras, esta vez en un sucio cigarrio y cerveza. Disfruté del ambiente y, cuando me dirigía a la salida, vi una chaqueta larga de mujer perdida entre las mesas. Sin pensarlo, la cogí y salí del bar.
Me dirigí a una pequeña calle, comprobé los bolsillos y en uno de ellos encontré la identificación. Joder, era de una mujer, no me equivocaba. Su nombre era Cynthia, Cynthia Wyght, mi vecina.
Era pelirroja, con pequeñas pecas y solía llevar unos tacones que retumbaban por todo el barrio.
La cazadora tenía 300 libras. Debería quedarmelas y dar una alegría a mi mujer, pero preferí quedar con ella, invitarla a unas pintas y devolverle el dinero.
Jorge.
ezta me ha guztado musho :D
ResponderEliminar