Chase nunca conoció bien sus gustos. La verdad, nunca llegó a conocerse bien a si mismo. Por mucho que delante de la gente presumiera de unas u otras aventuras, él sabía que sin ese brebaje mágico no era más que uno cualquiera. Tan sólo era una silueta, marcada a trazo por un rotulador en la acera, que se borraba con las pisadas y la lluvia de Abril.
No olvidaba su historia. Ni a quienes han formado parte de ésta. Pero, pese a haber conseguido acabar con ciertas adicciones como el alcohol, besar con los ojos abiertos o no aceptar la caricia de una madre. Lo que nunca olvidó, fue como darle las buenas noches a esa chica que, al fin y al cabo, fue la única que supo decirle que le quería.
Especial dedicación a:
Javier Oybin y Laura Lozano,
por volver a dar vida a este armario de historias caducas.
24-04-14
La Fosa del Cariño

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