Otro día más vuelvo a casa con las suelas mojadas, con los nudillos rojos y con el abono arrugado y húmedo.
Un día duro aunque, reflejando tu sonrisa y disfrutando de tu risa, he podido sobrevivir otro día más de penuria.
Defiendo a mi madre, a la cual mañana le destinan, de todo tipo de idioteces por Paula. Lo que más me duele no es que mi madre esté cegada, sino que Paula está eligiendo un mal futuro y hay puntos en los que uno ya no puede arrepentirse por nada y a lo hecho pecho.
Quizás llevase meses gritando consejos que eran un "bla bla bla" en aquel entonces. Ahora para lo único que han servido ha sido para remover mi corazón.
Ahora miro adelante con la cabeza agachada y con la lluvia chorreando por el chubasquero deseando encontrar un punto de vista distinto.
Buenas noches.

No hay comentarios:
Publicar un comentario