Por cierto, mi nombre es Teylor. Para los parroquianos del parque y la botella, "Tey".
Era uno de los inviernos más duros que había vivido. Las tardes se vestían con un traje de gala dorado y espumoso. Y eran preciosas.
Pero, a pesar de las resacas, del cansancio, del frío, etc. La musa que se adueñó de mis poesías, se adueñó también de mis mañanas. Y, para ser sinceros, me encantaba.
Invierno dorado, invierno cálido.
Especial dedicación a: Ella...
No hay comentarios:
Publicar un comentario