Malgasto cerillas mientras ofrezco mis sacrificios. Miro mi cuerpo desnudo, mis sentimientos sangran y quizás este dolor nauseabundo que sufro en mi estómago sea causa del estrés y de tanta tensión.
Estoy tumbado en la cama de Isabél, con la luz apagada, con una lágrima y con el teléfono en la oreja escuchando los rotundos pitidos que suenan cuando te cuelgan.
Espero poder salir vivo de ésta, poder superarla -como las anteriores-, y, sobre todo, que ella esté bien.
Quizás es mejor un par de gritos que aquel silencio pensativo... me remueve la conciencia y me quita el sueño. Soy consciente de que va a ser una noche larga.
Espero poder tener noticias suyas en el resto de la noche.
No me gusta esto. No disfruto con ello. No existen culpables.
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