I.
Me desperté en aquel bar, con una resaca contundente y unos estruendos aterradores.
Ahí estaban, mi Consciencia -bastante borracha, aunque no tanto como yo- y mi Confianza. Ésta última era muy débil.
Solo recuerdo haber discutido con dos grandes personas. A las cuales, por mucho que lo intente, no consigo olvidarlas.
El derechazo de la Consciencia dejó K.O. a la Confianza. Aunque de poco le servió. El Recuerdo, pese a ser mucho menor en cuanto a número y tamaño, supo pararle los pies.
II.
Ahí estaba yo. Mientras la pelea continuaba, yo resoplaba y negaba con la cabeza una y otra vez. Finjía preocuparme pero ¿para qué? Lo único que he conseguido, y estoy consiguiendo con ello, es hacerme más daño a mi mismo.
¡Que se maten y dejen al resto en paz! -pensaba-
Pero ¿qué pretendía? Todo el bar me estaba mirando. Y yo era responsable de todas estas criaturas.
El Rencor -siempre protagonista- había violado a la Inocencia. Ella lloraba pero... jamás me preocupé por ella.
Mientras, el Odio y el Amor se disparaban. La Paz se había dado al caballo. Y la Coherencia colgaba de una soga tensa y rígida.
III.
Me puse a hablar con aquella chica de la barra para evadirme del problema. Pero ¿para qué? Cuando me di cuenta el Amor había recuperado su vida y conservaba una bala de repuesto. Y, mi mayor enemigo, los Celos se asomaban desde la ventana hacíendome gestos de amenazas.
IV.
Dicidido. Volví a dormirme.

Me flipa
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