Era demasiado tarde como para arrepentirse.
Dos de la mañana. Tú feliz en tu cama y yo, borracho, deseando estamparte contra la ventanilla de tu coche y desgarrarte el culo hasta que gritases de dolor.
Jugué con la arena de la playa entre tus pechos, llenando mi lengua de púas que solo sabían sacar lo peor de ti.
Esa chica morena con un culo perfecto, aunque pocas tetas, me estaba volviendo loco. La olvidé durante el verano, con mensajes de otras que solo sabían partirme el alma.
Hoy has vuelto. Te he vuelto a ver. No eres la chica de mis sueños. Ni yo de los tuyos -espero-. Pero sé que podemos pasar grandes momentos juntas y juntos. Ahora, he metido la pata. Así que, ya todo, absolutamente todo está en tus manos.
Tengo algo en mi interior que no se llena desde hace meses. Ni con política, ni con alcohol, ni con besos locos, ni con dejar el alcohol -sí, lo dejé durante un breve tiempo-, ni con mandaros a todas a tomar por culo, etc. Estoy solo aún teniendo a grandes colegas a mi lado. Y para dos amigas que tengo, cuando voy borracho, pienso en follármelas brutalmente.
Sí. Debería volver a ver a la doctora Carmen, mi psicóloga.

No hay comentarios:
Publicar un comentario