La Fosa del Cariño

La Fosa del Cariño

jueves, 30 de mayo de 2013

Alice.

Alice madrugaba todos los días para realizar sus labores matinales. Sin que la rutina fuese protagonista, sabía animar cada acción con canciones de la escuela. Imposibles de olvidar cuando una monja es la que te gangrena las uñas a base de hostias.
Vivía cerca de ésta -la escuela-. Iba andando y, en el descanso del medio día, siempre encontraba la comida caliente y preparada en la mesa.
Nunca trabajó. No por ser mujer, ojo. Si no porque su familia se sacrificaba todo lo posible por ella. Para sacar provecho a sus estudios y estas cosas que nos cuentan cuando somos crios/as.

Alice desconfiaba de todo el mundo. Con su edad y aún más joven, en los recreos y los descansos de la Iglesia -cuando se realizaba el acto de la Eucaristía-, compartía juguetes y comidas con el resto de niños y niñas.
Jamás tuvo muestra de agracedimiento. Es más, no lograba ni disfrutar de su pequeño tentempié.
La pobre Alice estaba tan centrada en agradar al resto, que quedaba eclipsada por su caridad, bondad, solidaridad, ..., estupidez.

Un día primaveral amaneció intacta sobre la encimera, mientras realizaba sus labores matinales. Junto a un dibujo de sus padres y un charco de sangre que daba vida a ese dibujo que, sí o sí, estaba muerto.

 Alice, y con ella todo lo que su corazón guardaba, decidió dar un paso más en su vida. Acabar con ésta.






La Fosa del Cariño.

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