La Fosa del Cariño

La Fosa del Cariño

miércoles, 9 de mayo de 2012

Cine, acertijos y adivinanzas.





Me era difícil escribir a estas horas, sin tener la mente muy clara.
Recuerdo estar leyendo debajo del "árbol de los recuerdos" hace unos días. Si no me confundo, creo que me estaba leyendo algún poema de Miguel Hernández referente a la Guerra Civil española. Bueno, eso da igual.
El tema es que, mientras Miguel explicaba como rebotaba su cuerpo contra el suelo una y otra vez por culpa de la artillería,  cayeron unas cuantas manzanas del "árbol de los recuerdos".
Eran unas manzanas rojas, como sus labios impactados en un folio blanco. Tenían una pinta realmente apetitosa. No nos vamos a engañar, se me caía la baba cuando las tenía entre mis brazos.

Aparté el libro de mi vista. Me tumbé en el césped. Miré el cielo y, tras un largo suspiro, mordí la manzana.
Todo mi cuerpo se refrescó al instante. Tenía un sabor especial, no eran una manzana normal.

Entonces, caí en un profundo sueño. Emigré a un momento que juraría haber vivido antes.

Sueño 1.


Estaba borracho sentado en un banco, con el abdomen destrozado de haber reído y bailado como nunca. Pero, a su vez, tenía unas horribles ganas de llorar.
Giré mi cabeza. Ahí estabas tú. Preciosa. Tu sonrisa se estaba apagando poco a poco y las lágrimas comenzaban a descender desde tus ojos a cámara lenta. Te agarré por tus hombros y te abracé como nunca lo había hecho antes. Me miraste, sonreíste y dijiste:

- Mira que móvil y que chaqueta más guapa me he llevado.

Te miré. Me sequé las lágrimas y sonreí contigo.

Pausa.


Abrí los ojos de golpe. Me incorporé y miré a todos los lados. El árbol seguía en su sitio y las páginas del libro se movían solas por culpa de la brisa primaveral.
No entendía nada. Me detuve unos instantes y me volví a tumbar dándole vueltas a todo. 
Tanto pensar me estaba dando hambre y, sin darme cuenta, le di otro bocado a la manzana. 
Que placer más incomparable.

Sueño 2.


Estaba helado. El viento chocaba contra mi cara como chocaban las palmas en un tablao flamenco.
Estaba solo, y me sentía solo. Recuerdo vivir unos debates intensos en mi cabeza sobre si debía o no consumir en ese... digamos... restaurante de comida rápida. O, para los/as clientes habituales, "fast food".
Supe resistirme y continuar mi largo camino.
Cuando mi cabeza no podía estar más cabizbaja, noté que algo vibraba en mi pantalón. Era mi teléfono, ponía:

- Me flipas guapi, eres increible :).
2:44, 3 Marzo.


Pausa.

No pude evitarlo. Mi corazón iba a 200.000 km/h -o no sé si eran 2.000- y me incorporé de un salto. Al libro se le habían volado algunas hojas. El sol no golpeaba tan fuerte como antes y el árbol se agitaba cada vez con más rapidez. 
Tenía ganas de sacar una sonrisa, pero a la vez sentía nostalgia.
Cogí una manzana. Miré el libro. Miré la manzana. Y, aún estando por dentro algo podrida, arriesgué y le di un bocado aún más fuerte que los anteriores.

Sueño 3.


Ni tú ni yo íbamos ebrios. Estuvimos por mi barrio. Luego fuimos al tuyo, tomamos el Sol en frente de casa de tu amiga y dimos un paseo por zonas totalmente desconocidas para mi.
Pasado el rato, acabamos en un puente. Viendo los aviones, hablando de viajes, con conversaciones que ni el mejor guionista de cine sería capaz de escribir,... besándote el cuello mientras un avión salia destino a Berlin.


Pausa.

Abrí los ojos lentamente. Y, sin darme cuenta, me percaté de lo rápido que pasaba el tiempo a tu lado, y de lo bonitos que podemos hacer cada uno de estos instantes.
Me levanté. Al libro ya no le quedaban hojas, así que no me molesté por él. Y las manzanas habían caído rodando toda la cuesta. 
Me fui a casa y te escribí esto.



Jorge.




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