Hoy estabas bellísima. Y hoy, después de tanto tiempo, volvía a escribir y volvía a sonreir.
Rober era un hombre de 33 años. Con la vida por decidir y con un pasado no tan malo, como él mismo creía.
Vivía solo, en un piso pequeño y algo desordenado.
Normalmente, se sentaba en su cama a eso de las 23:00. Encendía un cigarrillo. Le daba una calada y, mientras, removía los hielos de su Crema de Orujo.
Le gustaba recordar las mujeres con las que se había acostado y dejar que éstas, se esfumasen de su cabeza como el humo con cada calada.
Decía conocer el amor y haber estado enamorado. Decía muchas estupideces pero tampoco había motivo para condenarle.
Una cosa era cierta, cuando se ponía delante de la máquina de escribir. Después de haber pensado en todas esas mujeres. En todas esas situaciones. En todas esas circunstancias... Solo era capáz de escribir sobre ella, quedarse con el recuerdo de ella. Dormir recordando un beso en su cama. Pensar que está a su lado disfrutando de la vida.

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